Tariq Alí
01/01/2006CUANDO LOS ANTIIMPERIALISTAS del mundo entero celebraban el trigésimo aniversario de la victoria vietnamita sobre la fuerza americana de las armas, los editores de la revista canadiense Seven Oaks consiguieron hablar con el ensayista, novelista, director de cine, actor y activista antibelicista Tariq Ali, que acaba de reeditar su autobiografía política de los años sesenta. A diferencia de muchos que lucharon con él contra la Guerra de Vietnam, Ali ha mantenido un lúcido y siempre pertinente análisis del imperialismo que le ha llevado hoy a formar parte de la oposición que se desarrolla en Gran Bretaña (y en el mundo entero) contra la deriva que empuja a Washington a entrar en guerra contra... todo el mundo.
SO.- Leyendo su autobiografía de los años 60, Street Fighting Years (Años de luchas callejeras), los jóvenes activistas de hoy pudieran sentir que nosotros no vivimos el apogeo del movimiento antibelicista. Pero, ¿Vd. ve en el actual movimiento algunas ventajas, comparado con el movimiento contra la guerra de Vietnam?
TA.- Bueno, lo que a mí me parecería terrible es que cualquier joven activista de hoy pensara que todo lo bueno se dio en los 60 y que lo que existe hoy no vale nada: no es así hoy mismo. Los 60 en Norteamérica se desarrollaron de modo muy distinto que en Europa. Es verdad que en Europa, y en otras partes del mundo México D.F., Pakistán había movimientos que iban más allá de la oposición a la Guerra. Pensemos en Francia, en donde los estudiantes encendieron la chispa que llevó a la huelga a diez millones de trabajadores. También en la ola huelguística en Italia. En Portugal tuvimos el derrocamiento revolucionario de una dictadura que había durado cincuenta años. Todo eso ocurrió, y fue una experiencia distinta de la de los EEUU.
SO.- Lo que quiero decir sobre todo es que la imagen que Vd. da de los 60, particularmente en los EEUU, de sexo, drogas y rock'n'roll me parece inaceptable. Fue una época política, muy política. Y yo diría que la principal diferencia entre entonces y ahora es la siguiente: que los activistas de los 60 y los 70 creían que podían cambiar el mundo, que podían llevar a cabo transformaciones sociales básicas del modo en que funcionaban sus sociedades. Creo que esto ya no se da más. Pero Vd. sabe que eso se debe a que vivimos en una época completamente distinta.
TA.- En lo que hace a escala de movilizaciones para tratar de detener la Guerra de Irak, las movilizaciones previas a la Guerra, nunca se había visto nada semejante, no sólo en los 60, sino en toda la historia de la humanidad. Fueron las más multitudinarias manifestaciones que hayan tenido lugar. Pero luego desaparecieron. Y yo creo que la razón de eso es que la inmensa mayoría de las gentes que se manifestaron el 15 de febrero de 2003 eran gentes que no venían de la izquierda. Se trataba de ciudadanos comunes y corrientes que no creían en lo que les estaban contando los políticos, que no creían a Bush o a Blair, y sentían que demostrando su cólera contra la Guerra lo creían realmente podrían detenerla. Y cuando vieron que no podían detenerla, sino que la Guerra siguió su curso e Irak fue ocupado, se desmoralizaron y volvieron a sus casas. En muchos casos, empezaron a ser activos en otros medios (estoy hablando ahora sobre todo de Europa). Y en España lograron una magnifica derrota del gobierno derechista. Y el nuevo gobierno español que resultó elegido sacó sus tropas de Irak. En Italia esto podría ocurrir muy pronto también. E incluso Blair, a pesar de que no existe oposición como tal en Gran Bretaña, Blair podría salir con daño de las próximas elecciones del 5 de mayo, reduciéndose su mayoría. Si solo pierde 20 o 30 escaños, se limitará a sonreír, pero si pierde 60 o 70, el movimiento antibelicista podrá decir con razón que ha obtenido una victoria. La guerra está desempeñando un papel de primer orden en la campaña electoral británica. Aunque los Conservadores apoyaron en eso al Laborismo, incluso ellos están empezando a decir ahora: "Se nos mintió". Y los Liberal-Demócratas, los Nacionalistas escoceses, los Nacionalistas galeses y la extrema izquierda de Respect atacan de continuo a Blair por la guerra. También juega eso un papel destacado en los periódicos y en la televisión. De manera que se trata de una campaña electoral bien interesante, y ya veremos qué pasa. Quiero decir, que el sistema electoral británico es increíblemente poco democrático, de modo que Vd. no puede llegar a saber nunca del todo qué siente la gente, porque sus preferencias pasan por el tamiz de su peculiar sistema electoral. Ya veremos.
SO.- Una de las cosas que se han visto aquí, en Vancouver, es la superación del movimiento por la paz al estilo de la era de la Guerra Fría, un movimiento que se desarrollaba en términos relativamente apolíticos sobre el desarme nuclear y cuestiones de maternidad. Ahora hemos visto cómo se ha desarrollado una discusión sobre el Imperio norteamericano y sobre el imperialismo. A eso ha contribuido el hecho de que la maquinaria bélica está tan esparcida Haití, Afganistán, Irak , que parece imprescindible un análisis del imperialismo, si uno quiere oponerse a esta Guerra. ¿Ve Ud. algo parecido en la muchas ciudades que visita?
TA.- Sí, creo que eso se da en todas partes. Yo viajo por todo el mundo, y esas cuestiones se plantean por doquier: ¿Qué se propone el Imperio? ¿Puede tener éxito? ¿Cuánto puede durar? Todas esas cuestiones van surgiendo y son discutidas y enérgicamente debatidas en todo el mundo. Recuerdo ahora que, en los sesenta y setenta, nosotros acostumbrábamos a tener interminables discusiones sobre el imperialismo. Ya sabe, la gran cuestión que se planteaba en la época un americano radical: "¿Quién parará a la madre patria"? Y lo que nosotros solíamos contestar es: "Los vietnamitas lo harán". Y casi lo logran.
Aunque la cuestión hoy se plantea de un modo ligeramente distinto, no deja de ser una cuestión interesante. Los EEUU son el único Imperio que existe en el mundo de hoy, y nadie es lo bastante fuerte como para desafiarles militarmente. Pero quien mucho abarca, poco aprieta, así que eso podría redundar en su daño; lo que no significa que los EEUU vayan a colapsar. Tenemos que ser muy claros al respecto. Y Vd. sabe que el Imperio norteamericano ha tratado siempre de buscar relevos locales que hagan el trabajo por ellos. Sólo intervienen cuando no hay más remedio. Y entonces lo que suelen hacer es ir, instalar un régimen que les apoye y largarse. Yo creo que eso es lo que tratarán de hacer en Haití y en Irak, pero no creo que les funcione en ninguno de los dos países. En Haití, depusieron a un dirigente elegido por el pueblo, y en Irak, el grueso de la población quiere que se larguen. El margen de maniobra es muy limitado en ambos casos, pero de uno u otro modo, lo intentarán.
SO.- En la época de la Guerra de Vietnam, la mayor amenaza para el Imperio americano, fuera de la zona bélica del sudeste asiático, eran las revoluciones en América Latina. Y ese parece que es de nuevo el caso ahora: la mayor amenaza para el Imperio estadounidense, fuera de la zona de combate en Oriente Medio, viene de la América Latina.
TA.- Bueno, yo iría todavía más lejos. Yo diría que, después de la Revolución cubana, se produjo una larga, muy larga tregua de espera en América Latina. Y de hecho, si vemos las cosas sin miramientos y con la cabeza fría como creo que hay que hacer al analizar las realidades políticas, habría que decir que, después de la Revolución cubana, los EEUU se libraron a una ofensiva contrarrevolucionaria y aplastaron todas las posibilidades, país tras país. Golpes militares en Brasil, Chile, Argentina; la Revolución cubana resultó amedrentante. Si no hubiera sido por la existencia de la Unión Soviética, con todos sus problemas, los americanos habrían reconquistado Cuba. Eso es indiscutible. Lo único que los frenó fue que los rusos respaldaron a los cubanos, instalando mísiles allí, así que tuvieron que sentarse a negociar. Pero ciertamente intervinieron en todos los demás países de América Latina, para frenar cualquier desarrollo. Y ese el motivo de que los movimientos guerrilleros fracasaran. Eran como chicos que salían a desafiar y a batirse con el gigante imperial. La lucha del Che en Bolivia sobre la que he escrito en mi libro, porque en esa época yo andaba por allí, fue una lucha fútil, completamente aislada.
De manera que la situación hoy en América Latina, a comienzos del siglo XXI, es mucho más positiva de lo que nunca lo fue en los años sesenta y setenta, y la gente ha entendido eso perfectamente. Tenemos movimientos sociales y cuando digo movimientos sociales, no quiero decir ONG; quiero decir grandes movimientos sociales de verdad en Bolivia, Perú, Ecuador. Brasil, México. Y tenemos ahora en Venezuela la victoria del movimiento bolivariano, el cual, en mi opinión, ha destruido por completo todas esas necias teorías que yo llamo teorías de la realidad virtual, el mundo de realidad virtual de [John] Holloway y su panda, que decían que no tenemos que tomar el poder, que se puede cambiar el mundo sin tomar el poder. Creo que jamás he escuchado una consigna más huera acuñada por un académico, y resulta ideal para el mundo académico, porque allí nunca se puede tomar el poder, y puedes escribir todo tipo de sandeces que serán tomadas muy en serio, porque tienes una audiencia cautiva compuesta por estudiantes.
Pero en el mundo real, eso no pasa de una broma grotesca. Los bolivarianos han destruido ahora completamente ese mito, pero lo que han logrado en Venezuela es comenzar un proceso. Así tenemos que verlo, no como un proceso colmado; no vinieron con supuesto preconcebidos. Tomaron el poder, un poder popular, elegido por las masas, y paulatinamente van transformando la sociedad. Y la transformación podría llegar a un punto tal, que la vuelta al statu quo resultara imposible. La oligarquía ha sido derrotada ya en tres ocasiones, y Chávez está ahora sirviéndose abiertamente de los dineros procedentes del petróleo para transformar el paisaje social de ese país: salud, educación, tierra, todo eso se está dando, y es la primera vez en la historia de ese país en que los pobres tienen por delante algún futuro. De manera que es extremadamente positivo, es un ejemplo para toda América Latina. En algunas sesiones del Foro Social Mundial las masas cantaron "Chávez, sí; Lula, no" y Chávez les hizo callar, porque se creaba un problema diplomático, y replicó: "No, yo sé que Lula quiere hacerlo bien, y cuando lo haga, tendremos que ayudarle". Pero, en fin, ya sabe, los modelos resultan obvios. O tomas por asalto el capitalismo, o no. Si no lo haces, entonces tienes que hacer lo que el FMI y el Banco Mundial te dicen que hagas. Es un problema global. Lula decidió seguir ese camino. Se trata de un tipo con enorme prestigio, un dirigente obrero que, para decirlo rápido, en cuanto tomó el poder, lo perdió: decidió que ese era el camino a seguir. Y en su gobierno hay varios antiguos izquierdistas. Su ministro de finanzas es un antiguo trotskista. Estos tipos, cuando cambian, cambian de verdad, ya sabe. Todos los dogmas de que eran prisioneros cuando estaban en la izquierda, los conversos al capitalismo los transfieren sin más a la defensa de éste. "Es el único camino, tenemos que recorrerlo, y hay que hacerlo sin miramientos".
Bueno, eso es en substancia lo que vemos. Pero, en mi opinión, el continente entero está en ebullición, en rebelión, mucho más que cuando el Che vivía. Tenemos hoy en Bolivia un gigantesco movimiento social, y se ven retratos del Che Guevara por doquier. Nunca los hubo cuando vivía. El pueblo era entonces indiferente. Los campesinos bolivianos se mantuvieron impertérritos cuando el Che fue asesinado. Ni se inmutaron. Luego, 5, 10 años después, empezaron a entender que "ese tipo estaba luchando por nosotros". Paulatinamente, sus imágenes empezaron a aparecer aquí y allá, y ahora se ven por doquier. Ya sabe, el pueblo tiene memoria, no olvida. Es interesante; la situación allí está mejor que nunca, en mi opinión.
SO.- Acaba de mencionar el Banco Mundial, y quiero preguntarle qué piensa del nombramiento del belicista Paul Wolfowitz como director del Banco. ¿Ve Vd. eso como una oportunidad crítica para queden claros los lazos que unen capitalismo y maquinación bélica?
TA.- Me parece bien que hayan nombrado a Wolfowitz. A mí no me inquieta, en absoluto. Todo está muy claro ahora. Ya sabe Vd., el gran problema. Robert McNamara también llegó a ser presidente del Banco Mundial, y mucho tiempo después, ya chocheando,,dijo eso muy suyo de: "¡Oh! ¡Hice tantas cosas terribles!" Quien sabe si dentro de cuarenta años Wolfowitz saldrá con algo así, aunque yo lo dudo, porque está hecho de un material harto más coriáceo. A pesar de eso, creo que Wolfowitz necesita un auxiliar fuerte, para que le asista. Wolfowitz tendrá dos tipos problemas. Uno, por ser quién es: tendrá importantes problemas permanentes de seguridad. Piense Vd. que el director del Banco Mundial tiene que estar todo el tiempo rodando de aquí para allá, hablando y reuniéndose con gente, ya sabe, en el escaparate. Pero él mismo constituye un problema de seguridad. Desde su propio punto de vista, necesita vigilancia y protección continuas.
También precisará de un ayudante que pueda escribir sus discursos, justificar lo injustificable. Y para ese cargo yo sugeriría muy de veras que empleara a su amigo y camarada Christopher Hitchens [un transformista, antiguo izquierdista sesentaiochesco, pasado ahora a los neocons] para que le cubriera la fachada. Estoy convencido de que Christopher se desempeñaría excelentemente en el cargo.
Tariq Ali, miembro del Consejo Editorial de SINPERMISO, es un escritor, cineasta, analista político y militante revolucionario paquistaní afincado en Gran Bretaña. Su último libro traducido al castellano es la novela Un Sultán en Palermo (Madrid, Alfaguara, 2005). El libro autobiográfico del que se habla en esta entrevista aún no está disponible en castellano.
Traducción para www.sinpermiso.info : Amaranta Süss
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