Gresa Hasa
28/06/2026
Durante la semana pasada, ciudadanos de toda Albania han salido a las calles en protestas masivas contra el gobierno. A diferencia de las oleadas anteriores de movilización desde el colapso de la dictadura socialista en 1991, estas protestas se dirigen tanto contra la mayoría gobernante como la oposición principal, lo que refleja una profunda crisis de representación política y un desafío cada vez mayor al modelo socioeconómico instalado en Albania en las últimas tres décadas.
El desencadenante inmediato de las protestas fue la aprobación de desarrollos turísticos de lujo en la isla de Sazan, perteneciente al Parque Marino Nacional de Karaburun-Sazan, y en la laguna de Narta, incluida la playa de Pishë-Poro en Zvërnec, que forma parte del Paisaje Protegido de Vjosa-Narta. El área constituye un ecosistema esencial en el Mediterráneo, que sirve como un lugar crucial de escala para las aves migratorias que se mueven entre Europa y África. También apoya una biodiversidad extraordinaria, proporcionando hábitat a más de 200 especies, una vida silvestre emblemática como la tortuga boba, la foca monje mediterránea y la rana de agua albanesa, así como los pelícanos y los flamencos que se han convertido en el emblema del movimiento.
En 2004, el gobierno albanés otorgó a la región de Vjosa-Narta el estatus de Paisaje Protegido, una designación que fue reforzada aún más por la Ley de Áreas Protegidas de 2017. Posteriormente, la ley se enmendó en 2024, debilitando las viejas restricciones para la construcción dentro de estas zonas y suscitando la preocupación de que se subordinasen los objetivos de conservación a los intereses privados. Ese mismo año, los medios de comunicación estadounidenses informaron sobre los planes de Ivanka Trump y su esposo, Jared Kushner, para desarrollar un proyecto de turismo de lujo en la zona, que incluye un complejo turístico de 1.400 millones de dólares en la isla de Sazan y un desarrollo de 4.700 millones de dólares en Zvërnec, cerca de la ciudad costera de Vlorë.
El proyecto, conocido como Zvërnec South Adriatic Development, está siendo promovido por Atlantic Incubation Partners, una empresa vinculada al fondo Affinity Partners de Jared Kushner. El gobierno albanés ha otorgado a Atlantic Incubation Partners "Estatus de Inversor Estratégico", lo que le permite beneficiarse de procedimientos de aprobación acelerados y otras disposiciones especiales bajo el marco de inversión estratégica de Albania. Mientras que Atlantic Incubation Partners actúa como inversor estratégico, el complejo se está desarrollando a través de una empresa de proyectos separada, Zvërnec South Adriatic Development, que está registrada en el extranjero a través de un feidecomiso en los Países Bajos, mientras que se desconocen sus propietarios reales.
Además, una investigación de la Red de Informes de Investigación sobre los Balcanes (BIRN), encontró una controvertida maraña de negocios locales e intereses políticos detrás de la familia presidencial estadounidense, incluyendo individuos vinculados a acusaciones de delincuencia organizada, irregularidades judiciales y uno de los oligarcas más poderosos de Albania, Shefqet Kastrati.
¿Qué provocó las protestas?
Aunque el primer ministro albanés, Edi Rama, ha insistido en que el proyecto aún no existe, ya se ha puesto en marcha el trabajo preparatorio, en violación de los requisitos legales y reglamentarios. En los últimos días, salió a la luz que el gobierno había otorgado oficialmente la aprobación para la construcción del proyecto en enero de 2025, haciéndolo a través de un proceso de toma de decisiones no transparente que escapó en gran medida al escrutinio público.
Las protestas comenzaron inicialmente en Zvërnec el 23 de mayo. Desde el principio abordaron cuestiones que iban más allá de las preocupaciones ambientales. Tanto los residentes locales como los activistas condenaron la intervención en un área protegida, argumentando en particular que equivalía a un acaparamiento de tierras que beneficiaría a los multimillonarios extranjeros, a los oligarcas políticamente conectados y a los políticos que habían permitido el proyecto.
El 30 de mayo, cuando los ciudadanos se reunían pacíficamente en Zvërnec, fueron atacados por los guardias de seguridad privados de Kastrati, quienes también detuvieron a uno de los manifestantes, mientras que la policía estatal se negó a intervenir. Para muchos, este episodio se convirtió en una prueba más de la complicidad del gobierno en un proyecto sospechoso y del fracaso del estado a la hora de proteger los medios de vida de sus ciudadanos. Reforzó un sentido creciente de que el estado ya no está al servicio de los ciudadanos, sino más bien a poderosos intereses privados y políticos. Esta percepción se convirtió en catalizador de una ola más amplia de movilización, transformando lo que había comenzado como una lucha ambiental local en un movimiento de protesta a nivel nacional. Sintiéndose traicionados y abandonados por las instituciones públicas, los ciudadanos se volcaron cada vez más en la solidaridad, construyendo nuevas formas de organización colectiva y resistencia.
En 24 horas, el movimiento creció enormemente bajo el lema "Albania no está en venta", extendiéndose rápidamente a otras ciudades albanesas, incluyendo Durrës, Vlorë, Elbasan, Korçë y Shkodër, así como a las comunidades albanesas en el extranjero. Desde entonces, también se siguen organizando manifestaciones en toda la diáspora, desde Europa y América del Norte hasta otras partes del mundo donde residen comunidades albanesas.
Un segundo episodio de violencia el 3 de junio, esta vez a manos del estado, amplió aún más el movimiento. La policía bloqueó las rutas de acceso en la capital Tirana, incluido el bulevar principal que conduce a la Oficina del Primer Ministro, donde se celebran manifestaciones diarias, citando medidas de seguridad relacionadas con un partido de fútbol entre Albania e Israel. Posteriormente desplegaron cañones de agua contra manifestantes pacíficos, incluidos padres con niños pequeños. Lejos de suprimir el movimiento, la represión galvanizó la indignación pública y sacó multitudes aún más grandes a las calles al día siguiente.
A medida que aumentaba la presión pública y las preguntas en torno a la legalidad del proyecto atraían una creciente atención nacional e internacional, las instituciones estatales se vieron cada vez más presionadas a responder. En tal situación, la Oficina Especial de Albania contra la Corrupción y el Crimen Organizado (SPAK) anunció el inicio de una investigación sobre el proyecto respaldado por Kushner-Trump, centrándose en parte en las controvertidas enmiendas de 2024 a la Ley de Áreas Protegidas.
¿Quién lidera las protestas?
A pesar de venir de diversos orígenes sociales, políticos e ideológicos, los albaneses tanto en el país como en el extranjero han demostrado una notable capacidad para dejar de lado sus diferencias y unirse en torno a una causa común: la defensa de la democracia, el interés público y el patrimonio natural del país. El movimiento ha reunido a una coalición inusualmente amplia, que incluye organizaciones de izquierda, miembros de la comunidad LGBTQ+, activistas ambientales, representantes de las cuatro comunidades religiosas, colectivos feministas e incluso conservadores, nacionalistas y gentes de derecha.
Aparte de tres partidos políticos pequeños y recientemente creados, que surgieron de compromisos cívicos anteriores, incluido el Movimiento Juntos de izquierda radical (Lëvizja Bashkë), los manifestantes han rechazado categóricamente la participación del principal partido de la oposición. El Partido Demócrata de Albania (DP), dirigido por Sali Berisha, en particular, es visto como responsable de sentar las bases políticas y económicas del sistema que ahora están impugnando.
Además, el DP se ha alineado efectivamente con el gobierno en los proyectos en la isla de Sazan y el área de Vjosë-Narta, defendiendolos activamente en lugar de oponerse a ellos, en gran parte debido a la participación de miembros de la familia Trump. En los últimos años, Berisha ha tratado de preservar su relevancia política a través de la adopción de una retórica trumpista y una alineación más estrecha con la extrema derecha europea.
Para muchos ciudadanos, la convergencia del gobierno y la oposición en este tema ha reforzado la percepción de que los dos campos políticos dominantes de Albania están, en última instancia, unidos en su apoyo al mismo modelo político y económico. Como resultado, la gente ha salido a las calles pidiendo una revolución y exigiendo que tanto Rama como Berisha rindan cuentas. Los manifestantes quieren que Rama cese y están pidiendo que el gobierno dimita.
Al mismo tiempo, están exigiendo que se derogue el marco legal que rige las "inversiones estratégicas"; la retirada del llamado "Paquete de las Montañas" del gobierno, que los críticos argumentan que facilita la transferencia de tierras públicas a inversores privados con transparencia limitada y salvaguardias ambientales inadecuadas; la revocación de las recientes enmiendas a la Ley de Áreas Protegidas; y la derogación de las enmiendas a la Ley de Patrimonio Cultural.
Este rechazo de la clase política establecida también ha dado forma al carácter organizativo de las protestas. El movimiento sigue sin líderes. En lugar de organizarse en torno a una figura central o una estructura de liderazgo formal, se ha desarrollado como una movilización en gran medida horizontal y participativa, con decisiones que surgen colectivamente a través de asambleas diarias en los bulevares. Esta estructura organizativa flexible ha planteado un desafío a los intentos del régimen de reducir o cooptar las protestas.
Todo esto se está desarrollando en un entorno notablemente creativo y pacífico. A raíz de la violenta dispersión de manifestantes por parte de la policía el 3 de junio, los manifestantes regresaron a las calles con rosas blancas, que ofrecieron a los agentes de policía mientras los instaban a cambiar de bando.
Este compromiso con la no violencia ha dado forma al terreno de protesta con manifestantes que han transformado el bulevar principal de Tirana, así como las calles de todo el país, en espacios de participación cívica y solidaridad colectiva. Dentro de las manifestaciones, han creado áreas donde los niños pueden dibujar y jugar; los jóvenes ayudan a los participantes mayores a moverse entre las multitudes y ofrecen apoyo a los necesitados; y cada noche, después de la protesta, limpian las calles antes de irse.
El énfasis del movimiento en la solidaridad también ha resonado más allá de las propias manifestaciones. La nadadora de maratón Eva Buzo emprendió una natación simbólica de 20 kilómetros desde la isla de Sazan hasta la laguna de Narta en apoyo de la campaña para proteger la zona.
Respuesta del gobierno y narrativas de los medios
Desprevenido ante la rápida extensión de las protestas y cada vez más incapaz de controlar la narrativa, particularmente porque el movimiento ha atraído un nivel sin precedentes de cobertura mediática internacional, Rama ha tratado de cambiar el enfoque del debate. Después de intentar inicialmente suprimir las manifestaciones a través de la intervención policial, ha tratado cada vez más de deslegitimarlas políticamente, retratando las protestas como orquestadas externamente, invocando la "guerra híbrida" y refiriéndose a actores no especificos que supuestamente trabajan en contra de Albania.
Al mismo tiempo, los miembros del Partido Socialista (SP) han tratado de reforzar estas afirmaciones a través de apelaciones al nacionalismo y acusaciones de interferencia extranjera. Taulant Balla, una figura importante del SP, publicó una foto en su cuenta de Facebook de un automóvil con matrículas de Belgrado durante la protesta en Zvërnec el fin de semana pasado, sugiriendo que intereses serbios estaban involucrados en la organización de las manifestaciones. Sin embargo, el vehículo pertenecía a periodistas de Reuters que habían viajado a Albania para informar sobre las protestas. Anteriormente, voces afiliadas al gobierno habían tratado de vincular las protestas a Grecia de manera similar.
Irán se ha convertido en el último presunto actor extranjero detrás de las manifestaciones. El lunes, el portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de Irán desestimó estas acusaciones como infundadas. Rama también ha afirmado que las protestas están dañando el turismo, sin embargo, los turistas en Albania no solo muestran su apoyo a las manifestaciones, sino que también se unen a ellas en solidaridad.
Aún así, los medios de comunicación progubernamentales en Albania han promovido activamente estas historias y también están participando en campañas de difamacióncontra activistas y manifestantes individuales, incluidos miembros de la diáspora. Los medios de comunicación alineados con la oposición y los miembros del DP también han contribuido a la difusión de la desinformación y los esfuerzos para desacreditar al movimiento. Como resultado, las protestas se han convertido en el tema de narrativas políticas en competencia que a menudo distraen de sus reivindicaciones reales.
Entre las afirmaciones más persistentes ha sido el intento de asociar los acontecimientos en la isla de Sazan y en la laguna de Narta con Israel. Haciendo referencia a los antecedentes judíos de Jared Kushner, los actores de todo el espectro político dominante de Albania han tratado de retratar el movimiento como motivado por el antisemitismo, socavando así su legitimidad a los ojos del público internacional. El propio Rama contribuyó a esta narrativa en las primeras etapas de la movilización al atribuir las protestas, en parte, a lo que caracterizó como "musulmanes" que se habían "desviado del camino de Dios". Más tarde rechazó las afirmaciones de que Israel estaba involucrado en el proyecto, pero no se retractó públicamente de sus comentarios anteriores sobre los miembros de la comunidad musulmana.
El movimiento tiene poco que ver con la etnia o religión de Kushner. Más bien, los manifestantes se están movilizando contra lo que perciben como la privatización de tierras públicas protegidas en beneficio de multimillonarios extranjeros e intereses comerciales políticamente relacionados. Esto se extiende mucho más allá de un solo proyecto turístico, ya que refleja un proceso más amplio a través del cual los bienes públicos y los recursos naturales se transforman cada vez más en oportunidades de acumulación privada, facilitado por un estado que parece más receptivo a los inversores que a los ciudadanos.
Protestas similares han surgido en varias partes de Albania, aunque en general se han mantenido más localizadas y han atraído mucha menos atención pública. Tal es el caso en la zona costera norteña de Rrjoll, donde los habitantes locales se enfrentaron a la policía y pidieron que se detuvieran las obras de construcción en un "proyecto de inversión estratégica" según el gobierno, argumentando que la tierra había sido transferida con documentos de propiedad supuestamente falsificados. Un patrón similar se desarrolló en Theth, un pueblo en el norte de los Alpes albaneses, donde los residentes a los que durante mucho tiempo se les habían prometido medidas de legalización y asistencia para negocios turísticos familiares se enfrentaron a demoliciones realizadas bajo supervisión policial.
En la capital, Tirana, los residentes han sido testigos de una profunda y a menudo irreversible transformación del paisaje urbano. Los críticos argumentan que el actual auge de la construcción ha creado oportunidades para el lavado de dinero a través del sector inmobiliario, mientras que los proyectos de desarrollo a gran escala han restringido cada vez más el acceso público a áreas de importancia histórica y cultural, lo que contribuye a un creciente sentido de exclusión de los ciudadanos.
La "Revolución de los flamencos"
Tras el colapso del socialismo de Estado, Albania pasó por una transformación neoliberal radical en condiciones que facilitaron la aparición de una nueva élite socioeconómica, cuya acumulación de riqueza a menudo estaba relacionada con la corrupción y el crimen organizado.
La rápida privatización de la década de 1990, a través de la cual los activos públicos se transfirieron a manos privadas, a menudo en circunstancias sospechosas y altamente controvertidas, dependió en gran medida del poder político para acceder a los recursos estatales, las concesiones, las licencias y las protecciones legales. Al mismo tiempo, la aparición de los primeros grupos de delincuencia organizada creó nuevos centros de poder económico que más tarde evolucionarían hacia influyentes redes empresariales y oligárquicas. La relación se reforzó mutuamente a medida que las élites políticas facilitaban la acumulación de riqueza privada, mientras que estos actores económicos emergentes proporcionaban los recursos financieros y las redes informales que ayudaron a los partidos políticos a consolidar y reproducir su poder, creando un sistema en el que distinguir entre autoridad política e interés privado se hizo cada vez más difícil.
Para sostener este modelo, las élites gobernantes de los últimos 35 años se han basado en mecanismos de gobernanza que limitan la responsabilidad democrática, fortaleciendo las prácticas autoritarias como medio para gestionar las contradicciones sociales y políticas generadas por un sistema cada vez más desigual de acumulación de riqueza. El debilitamiento de las protecciones medio-ambientales, el marco de inversión estratégico, la violencia policial contra los manifestantes, las campañas difamatorias contra los activistas, la concentración del poder de los medios de comunicación y los intentos de deslegitimar la disidencia como "interferencia externa" no son fenómenos aislados. Son mecanismos a través de los cuales el estado protege y reproduce un orden político-económico que opera en detrimento de la mayoría de la sociedad.
Los albaneses han experimentado directamente las consecuencias de este modelo: desempleo masivo, inseguridad económica, emigración a gran escala y la lucha diaria para llegar a fin de mes en un sistema que los ha despojado de derechos y libertades básicos y, hasta hace poco, también les ha robado la capacidad de imaginar una realidad diferente. Incluso si las protestas actuales no logran los resultados que buscan en un futuro próximo, ya han logrado algo extraordinario: los ciudadanos han superado su miedo y han encontrado el valor no solo para identificar las raíces del problema, sino también para imaginar un mundo diferente. En los últimos días, la consigna del movimiento ha cambiado de "Albania no está en venta" a "Nueva Albania". Todavía no es una estrategia, sino una ambición colectiva.
¿Y ahora?
Las posibilidades de que Rama renuncie siguen siendo relativamente escasas en este momento. Más allá del hecho de que ha rechazado repetidamente la idea de dimitir, las protestas probablemente tendrían que convertirse en un levantamiento popular más amplio para que el gobierno caiga. Si eso sucediera, se podría negociar un gobierno técnico para supervisar nuevas elecciones. Sin embargo, tal escenario presentaría sus propios desafíos, ya que el movimiento sigue sin líderes, y los pocos partidos políticos recientemente creados que lo apoyan son pequeños, carecen de recursos significativos y tienen posiciones ideológicas opuestas. Sus enfoques de la política también difieren significativamente. Mientras que el Movimiento Juntos tiende a adoptar una postura más de base e intransigente, los partidos de centro-derecha como Albania Becomes (Shqipëria Bëhet) y Opportunity (Mundësia) generalmente favorecen un enfoque más pragmático y han mostrado una mayor voluntad de comprometerse con los actores políticos establecidos. Por lo tanto, la perspectiva de una amplia coalición entre ellos es incierta.
Incluso en el mejor de los casos, la disolución del parlamento y la formación de una coalición que emerja del movimiento, la Constitución albanesa requeriría que las elecciones parlamentarias se celebraran en un plazo de 45 días. Esto dejaría muy poco tiempo para que las nuevas fuerzas políticas se organicen, construyan estructuras electorales y se preparen para una campaña nacional. El gobernante SP aún conservaría considerables ventajas estructurales, incluido el control sobre las instituciones estatales, extensas redes de patrocinio, recursos financieros significativos y una influencia sustancial en gran parte del panorama mediático, todos los cuales históricamente se han desplegado a su favor durante las campañas electorales.
Además, Rama sigue disfrutando de un considerable respaldo internacional, particularmente de la UE. Aunque un portavoz de la Comisión Europea declaró recientemente que el gobierno albanés debería abordar las preocupaciones de los manifestantes con respecto a la protección del medio ambiente como parte de sus obligaciones bajo el acervo de la UE, hay pocos indicios de que la UE se distancie de Rama en un futuro próximo. Especialmente dada la ausencia de una fuerza política alternativa claramente identificable capaz de asumir el poder.
Sin embargo, estos desarrollos no deben verse únicamente a través de la lente del cambio político inmediato. La importancia del movimiento puede estar menos en su capacidad para derribar al gobierno a corto plazo que en su potencial para remodelar el panorama político de Albania a largo plazo. Los partidos políticos emergentes asociados con las protestas tienen la oportunidad de poder capitalizar el impulso generado por la movilización, ampliar su base social y desarrollar gradualmente su capacidad organizativa. En las condiciones actuales, el resultado más realista puede no ser el reemplazo inmediato del gobierno, sino el eventual desplazamiento de la oposición existente, el DP, y la aparición de una nueva alternativa política que esté más estrechamente alineada con las preocupaciones y aspiraciones de los ciudadanos comunes.

