Manuel Sandoval
05/02/2026
Debo reconocer que el alto porcentaje de votación que logró Laura Fernández me cogió de sorpresa. No descartaba que la movilización de un sector del abstencionismo diera margen para una segunda ronda electoral, pero desde San José no podía calibrar bien cómo se iba a desenvolver la votación en las provincias costeras y Alajuela, pese a que teníamos claro que le iban a aportar un caudal de votos significativo a la candidatura oficialista.
Clientelismo debilitó a las otras opciones derechistas
Aunque se desarrolló algún clientelismo desde el gobierno hacia estas provincias, la estrategia de campaña más exitosa del chavismo fue robarle la base electoral a Fabrizio Alvarado, comprando pastores evangélicos y pentecostales con diputaciones y cargos en el gobierno. Hay que reconocer que la fracción burguesa “de segunda categoría” que se ha nucleado en torno a Chávez, tiene voluntad de consolidarse en el poder y utilizarlo para enriquecerse. Las tendencias autoritarias que despliega tienen que ver con esto.
El otro aspecto que me parece que también empujó para adelante a la Fernández, fue que logró aglutinar en torno al gobierno a los sectores medios más conservadores (reduciendo a una mínima expresión la votación para el resto del espectro neoliberal: el PUSC, Feinzag, Natalia Díaz, Nueva Generación y Aguilar Berrocal). Pareciera que alinearse con Bukele, para prometer mano dura contra la delincuencia, le dio credibilidad a un gobierno que no ha logrado frenar la violencia pandillera y ha resultado poco efectivo a la hora de frenar el trasiego de drogas.
La “fé” en el chavismo responde a una percepción falsa de estabilidad en sectores medios y populares que ven posibilidades de mejorar en términos económicos y sociales, aunque estas ilusiones no se correspondan con la situación real del país. Es por eso que un gobierno que no exhibe muchos logros en ningún campo y que más bien está abonando para que germine una crisis social sin precedentes por las políticas de austeridad y recorte en el gasto social del Estado, puede mantener un margen importante de credibilidad con una demagogia populista que promete prosperidad para todos sin hechos que la abonen.

Relativa estabilidad macroeconómica
El crecimiento del sector agroexportador gracias al impulso moderado que mantiene la economía yanqui, no incide mucho sobre el conjunto de la economía nacional. Por el tipo de desarrollo que tuvo el país anteriormente, es el mercado interno el que dinamiza más la economía y viene renqueando por la contracción del gasto estatal y la camisa de fuerza salarial que impuso la reforma fiscal del PAC. No se está generando suficiente empleo formal y el poder de compra de los sectores medios y populares se está manteniendo en gran medida por el endeudamiento. El INEC y muchos economistas señalan que el mercado interno respira y la pobreza ha disminuido gracias a la actividad “informal”.
Hay que tener presente por eso el rol de primer orden que juega el país en el trasiego de drogas hacia Europa y en menor medida hacia Estados Unidos. La banca está llena de dólares del narco (con complicidad del sector financiero de la burguesía costarricense), lo que contribuye a un tipo de cambio bajo del dólar con relación al colón y a una percepción falsa de prosperidad en los sectores medios que viajan al exterior, van a conciertos con artistas internacionales que vienen al país y adquieren carros de lujo y otros bienes importados. A lo que hay que añadir que la actividad del narco mueve mucho dinero hacia abajo, paliando el empobrecimiento de los sectores populares.
La percepción falsa de estabilidad y de posibilidades de mejorar en términos sociales y económicos se sustenta en este fenómeno y el Chavismo la “pegó”, asociando esta falsa conciencia a la continuidad del gobierno. Es probable, digámoslo de pasada, que algunos de los “bichos” que lleva a Cuesta de Moras, le den expresión al sector burgués asociado al narco.
Viene una ofensiva de privatizaciones
Una votación alta envalentona a cualquier gobierno burgués para ir adelante con sus planes. Laura Fernández ya anunció que viene en mayo con todos los proyectos que no avanzaron en esta legislatura por estar mal elaborados, saltarse los controles institucionales del Estado al gasto público y violar la Constitución; muchos de estos proyectos implican privatizaciones y ataques a derechos laborales y sociales; desde la Caja se cocina una reforma al IVM que disminuirá la pensión y hará recaer más el financiamiento de la seguridad social sobre los hombros del trabajador.
Pese a la imagen de fuerza que logró el chavismo gracias a la votación que obtuvo, la realidad social y política del país la pinta mejor la votación en Cartago. En esta provincia el chavismo no logró camuflar el sabotaje a la Caja por el empeño de privatizar la Seguridad Social, la incapacidad para atender la construcción de obras públicas y el desinterés en proteger la producción agropecuaria para el mercado nacional. Para derrotar la ofensiva que anuncia Laura Fernández hay que impulsar la movilización obrera y popular. Es la única forma de poner en evidencia sus intenciones anti-obreras y anti-populares. En este proceso, bajo la presión de la lucha, hasta la unidad del bloque heterogéneo y lleno de bichos que constituyeron Chávez y la Pilarica, se puede quebrar.
Oleada de gobiernos derechistas... pero tambien hay luchas y resistencia
En el último período ha habido una tendencia en América Latina al triunfo electoral de movimientos populistas de derecha, por la frustración creada en los sectores populares con los gobiernos “progres” que aplicaron duros planes de austeridad similares a los de la derecha más neoliberal. Con toda la demagogia del chavismo contra la corrupción de los partidos tradicionales, nuestro país ha hecho parte de esta tendencia. Lo que hay que tener presente, es que estos gobiernos asumen y rápidamente provocan la resistencia del movimiento de masas.
Ecuador, Bolivia, Argentina … la resistencia crece y la incorporación del movimiento obrero con sus métodos de lucha prepara el terreno para mayores grandes confrontaciones y luchas, alentadas por el ejemplo de la resistencia palestina y el ascenso de la lucha de clases en Estados Unidos y Europa. Si los gobiernos progres se tomaron algún tiempo para decepcionar a los sectores populares, el proceso es más rápido con los movimientos populistas de derecha como el chavismo.
No debemos esperar cuatro años
Por eso lo decimos categóricamente: No hay que esperar cuatro años para derrotar al chavismo. Hay que provocar, llamando a la movilización obrera y popular, que el proyecto chavista de III República aborte.
A las dirigencias sindicales y populares que sigan conciliando con el chavismo, hay que sustituirlas con dirigentes de base clasistas y combativos. ¡No podemos permitir que la camarilla que va para Zapote termine de destruir las conquistas sociales que marcaron la diferencia entre Costa rica y el resto de Centroamérica!

