Desde mi propio "minarete"

Joanna Rajkowska

03/01/2010

Mi proyecto artístico consistía en traerme un pedazo de Oriente Medio a Polonia. Las reacciones han sido reveladoras.  

En el año 2008, el alcalde de Poznan me invitó a preparar un proyecto de arte público destinado a la ciudad. Decidí transformar en minarete una chimenea industrial en desuso en una zona que me recordaba a Oriente Medio, un proyecto que ha acabado cobrando un nuevo significado a la luz del reciente referéndum suizo de este mes.  

La chimenea se alza en el campo visual de una antigua sinagoga – que ahora son unos baños de natación propiedad de la municipalidad judía – y la basílica católica de la isla de Ostrów Tumski, entre los ríos Warta y Cybina. Está en la calle Estkowskiego, cerca de la intersección con la calle Garbary, donde se levantan algunos edificios de antes de la guerra, parte de una antigua fábrica de papel. Entre sus actuales inquilinos figuran hoy las oficinas de la panadería Fawor, un mayorista de juguetes y una tienda de muebles italianos. Por encima se ve la chimenea, en la que se han instalado antenas de telefonía móvil. 

Al materializarse el minarete, el carácter de toda la zona cambiará de una manera surreal. Lo familiar se convertirá en extraño. Los edificios de ladrillo rojo, las paredes desiertas, el muro alrededor y las carteleras se presentarán de forma diferente. Habrá que hacer un esfuerzo para volver a reconocer este lugar, para comprenderlo y asimilarlo. El minarete está para darle a la zona un atractivo exótico, para convertirla en un Lugar. Este lugar será una creación resultado de la tensión entre lo familiar y lo extraño, lo evidente y lo misterioso.     

El caótico diseño de los edificios los asemeja a una ciudad de Oriente Medio, especialmente los muros ciegos a ambos lados, perpendiculares a la calle. El lugar se encuentra entre la Plaza del Mercado Viejo y Ostrów Tumski, fuera de los recorridos turísticos típicos, un poco a trasmano, aunque muy cerca del centro de la ciudad. Es uno de esos lugares de tránsito por los que se pasa camino de otro sitio.  

Cuando se mira desde la intersección de las calles Małe Garbary y Bóżnicza, la panadería con la chimenea se atisba más allá de la antigua sinagoga y aún más allá se ven las dos enormes torres de la basilica de  Ostrów Tumski. Pero este no es en modo alguno el eje de visión más importante, sino sólo uno de los miles posibles del potencial minarete.   

Escogí la figura del minarete porque la conozco bien de haber trabajado en la ciudad de Yenín, en Cisjordania. Conseguí llevar a cabo una réplica de uno de los alminares de Yenín, utilizando materiales similares y copiando la ornamentación de sus balaustradas de hierro forjado y su minucioso acabado en piedra. 

Mi intención era permitir que este fragmento destartalado de Poznan se convirtiera en un espejismo de Oriente Medio. No sólo quería transmitir a los habitantes de Poznan el embrujo que para mí tiene la cultura de Oriente Medio sino hacerles también una pregunta: ¿estáis dispuestos a aceptar un elemento extraño -de otra religión, etnia y cultura- entre vosotros?   

Como la palmera de Aleje Jerozolimskie en Varsovia,[1] el minarete pregunta si nosotros, los polacos, estamos en proceso de abrirnos a los extranjeros, a los foráneos, a los que no son de aquí. Por qué hemos llegado a identificar Islam con terrorismo y qué imagen nos hemos creado de los musulmanes. Así cómo por qué nos conformamos en silencio con la presencia de tropas polacas en Irak o Afganistán, por qué estamos en el lado de los agresores, y por qué Polonia se convirtió en el lugar en el que la CIA mantenía cárceles secretas y bases para el  traslado de presos.   

Oriente ha sido siempre para los europeos una tierra culturalmente a la vez extraña y familiar. Las peregrinaciones a Oriente, empezando por Chateaubriand y Lamartine, han sido siempre algo más que una fascinación romántica. De regreso de su famoso viaje oriental, sin blanca y sólo con una alfombrilla del Cairo y una shisha (pipa de agua), el poeta polaco Juliusz Słowacki escribió que "no hay razón para tener miedo de los países de Oriente".  

En una atestada sala de Poznan me di cuenta de lo esencial que resultaba llevar a cabo este proyecto. En el verano de 2009, mi equipo, con el apoyo de la Fundación Malta, presentó al público la propuesta del minarete. La respuesta popular ha desatado dos campañas aún en curso por parte de quienes se manifiestan vehementemente a favor y en contra del proyecto.  

La Liga Musulmana de Polonia se puso de nuestro lado, y su líder, Mohamed Saleh, explicó que "este "minarete" no es más que una edificación y carece de significado religioso. Pero apoyamos el proyecto porque hay musulmanes que viven y estudian aquí, que cuidan enfermos en los hospitales y tienen sus negocios en este país. Aportamos mucho a Polonia y sin embargo todavía somos invisibles. Acaso el "minarete" compense nuestra invisibilidad".[2]  

Este proyecto no se creó en el vacío. Poznan cuenta con una apreciable minoría musulmana estimada en unas mil personas. El minarete es también cuestión de saber si los polacos queremos darnos cuenta de la presencia de esta minoría, y cómo vamos a hacerlo.   

Con todo, se opusieron los concejales y arquitectos locales, arguyendo que el proyecto era "culturamente foráneo", y que en razón de su visibilidad, al encontrarse en el campo visual de una catedral y una antigua sinagoga, podría considerarse como una "provocación religiosa".  

Siguieron acalorados debates que llegaron a veces a alcanzar un punto de ebullición cuando la derecha polaca pasó al ataque, expresando opiniones como que "el "minarete" es símbolo de una religión que ha negado tanto nuestra cultura como los derechos humanos básicos durante 1400 años". Yo misma recibí amenazas, y algunos de quienes se oponían me espetaron: "No nos traigas el Islam a Europa. Aquí no nos hace falta esa religión de odio".    

De acuerdo con un sondeo realizado por el diario derechista Fronda [3], el 70% de los habitantes de Poznan rechaza el proyecto de minarete. Entre los comentarios que pueden leerse en la página electrónica de Fronda, figuran los siguientes: "No cometamos el mismo error de otras ciudades europeas, no hagamos concesiones. Nos oponemos resueltamente a los minaretes, las mezquitas, el terrorismo, la barbarie y la intolerancia religiosa".    

Quienes apoyan el proyecto se han hecho oír igualmente. La Fundación Malta protestó afirmando que "el Proyecto Minarete es un gesto simbólico que revela la realidad de Polonia. Poznan no es una zona cerrada, homogénea en la que cualquiera diferente que cruce sus fronteras es "elemento cultural extraño" y por tanto dañino y amenazador".     

Estoy parafraseando el análisis de la edición polaca de Le Monde Diplomatique, que ha hecho campaña en favor del proyecto. Señalaba que no podemos separar la pequeña batalla por el minarete de las guerras de verdad que libra Polonia en tierras de minaretes a miles de kilómetros de distancia. Quizás la clave para comprender las reacciones a mi proyecto estribe en el hecho de que nos recuerda implícitamente nuestra participación en la ocupación y agresión militar de hoy en día contra países musulmanes.    

Una sociedad que sigue considerándose víctima no reconocida de derrotas históricas niega la consciencia del hecho de que durante años ha estado actuando del lado de los vencedores de la historia: torturadores, ocupantes y agresores. La verdad de nuestras misiones de "estabilización" en Irak y Afganistán sería difícil de aceptar si no fuera porque hemos construido un muro de seguridad hecho de ignorancia y odio. La campaña para demoler el minarete antes incluso de que se haya construido se basa en argumentos destinados a reforzar este muro de ignorancia.   

Proyecto Minarete:

Comisaria: Dorota Grobelna
Equipo: Katarzyna Czarnecka, Wiktoria Szczupacka, Jakub Dąbrowski, Dominika Pierunek
Producción: Fundación del Festival Internacional de Teatro MALTA
Asociados: Asociación de Iniciativas Teatrales de Poznan, Krytyka Polityczna, Grupo de Investigación Cuestiones de Límites UAM
Asociado de comunicación: Le Monde Diplomatique. 

N. del. T.: [1] Se trata de otro proyecto de Rajkowska, éste de 2002, consistente en situar una gran palmera artificial en el cruce la Aleje Jerozolimskie (Avenida de Jerusalén) y la calle Nowy Swiat (Nuevo Mundo) de Varsovia. El proyecto quería ilustrar a los varsovianos sobre el significado y la historia de estas calles, así como sobre el vacío causado por la ausencia de la comunidad judía. [2] Messikh Mohamed Salah, dirigente de la Liga Musulmana de Poznan, citado en Gazeta Wyborcza, 30 de junio de 2009. [3] Diario ultracatólico sería una descripción más precisa. Véase "Czy Poznaniacy zapłacą za budowę minaretu w ich mieście?" en www.fronda.pl, 6 de septiembre de 2009.

Joanna Rajkowska, artista polaca nacida en 1968 en Bydgoszcz, estudió Pintura en la Academia de Bellas Artes de Cracovia e Historia del Arte en la Universidad Jagellonia de la misma ciudad. Es autora de objetos, películas, instalaciones, acciones efímeras e intervenciones en el espacio público. Su trabajo refleja la complejidad de los problemas de identidad que afectan a los países del Este de Europa como consecuencia de su transformación económica y política en los años 90 de este pasado siglo.

Traducción para www.sinpermiso.info: Lucas Antón

Fuente:
The Guardian, 27 diciembre 2009