Patxi Juaristi
09/04/2007Como explicó Naomi Klein en su No Logo (2001) hay corporaciones cuyas empresas migratorias no se pueden controlar de forma alguna; mejor dicho, hay empresas gigantescas que hacen casi todo lo que quieren, generan caos socioeconómicos y no pagan impuestos en ningún lugar.
La sociedad de la cultura de masas exige producir muchos productos y baratos. La reproducción del mercado capitalista implica la necesidad de producir y vender ininterrumpidamente y, para ello, es imprescindible estandarizar los productos, producir en cadena y vender barato. Además, los directivos y responsables están obligados a repartir beneficios a los accionistas cada año, si no quieren perder puestos de trabajo. Por tanto, la tarea de las multinacionales y grandes empresas consiste en migrar a lugares en que el suelo y los impuestos sean más baratos, producir con costes bajos y aumentar beneficios.
Las empresas migratorias explotan tanto como pueden materias primas, instituciones y trabajadores de los países en que se instalan y cuando cambia el contexto político o económico se marchan inmisericordemente en búsqueda de mejores lugares que explotar. Cuando empiezan a menguar los beneficios suspenden o reducen sus actividades sin pensárselo dos veces y se deslocalizan. Ejemplos claros de ello son las empresas Legget & Platt, Fertiberia y Reckitt Benckiser, que han abandonado recientemente el País Vasco.
A menudo pensamos que abriendo las puertas a las multinacionales se asegura el trabajo y la riqueza. Nos parece que merece la pena proporcionar suelo barato, conceder subvenciones y reducir impuestos a empresas extranjeras si con ello se crean puestos de trabajo. Los datos nos muestran que el modelo de crecimiento basado en empresas migratorias crea muchos desequilibrios, porque este tipo de empresas no tiene vinculación alguna con los territorios en que se instalan. A luengas vías, luengas mentiras.
Así, por tanto, me parece peligroso que con el pretexto de la atracción de empresas se exijan pocas obligaciones y responsabilidades a las nuevas empresas. Para consolidar la red industrial y crear puestos de trabajo me parece mucho más atractivo conocer las necesidades de las empresas que actúan con responsabilidad social y conceder ayudas que aseguren su competitividad. A mi juicio, la administración debe premiar a las empresas que dan pasos hacia la responsabilidad social y penalizar a las que se marchan a pesar de no tener problemas de viabilidad. Si las ovejas de casa están en casa, pocos se acuerdan de las de fuera.
Y para ello me parece efectivo, viable y práctico tener administraciones fuertes. Para proteger y consolidar la red industrial local me parece imprescindible tener administraciones con dinero y capacidad de decisión. Por eso no entiendo muy bien que la Diputación Foral de Gipuzkoa haya retirado de las Juntas Generales el proyecto de reforma del Impuesto de sociedades. Y entiendo todavía menos que haya propuesto rebajar el tipo actual del 32,6% al 28%. Según la Diputación, una de las razones para rebajar el Impuesto de sociedades es evitar la deslocalización. A mi juicio, con medidas de ese tipo puede suceder justo lo contrario. Es decir, puede ser que recortar impuestos atraiga a empresas migratorias, pero los riesgos que ello implica, en mi opinión, pueden ser mayores que los beneficios. En efecto, las empresas atraídas de esta forma se marchan sin pensárselo dos veces si encuentran territorios que les ofrecen mejores condiciones.
En este sentido me parece mucho más adecuado el Proyecto de ley contra las deslocalizaciones aprobado en febrero por la Diputación Foral de Bizkaia, según el cual las empresas que abandonen Vizcaya estarán obligadas a devolver las ayudas que hayan recibido. Concretamente, deberán devolver a la Diputación todo el dinero público obtenido durante los siete años anteriores de su marcha. Y en caso de volver nuevamente no podrán solicitar ayudas durante siete años ni obtener contratos públicos.
Pueden adoptarse dos posiciones ante la deslocalización: tener un sistema fiscal adecuado, para tener administraciones con capacidad económica y premiar y ayudar así a las empresas que actúan con responsabilidad social, o tener unas administraciones debilitadas de escasa capacidad de decisión y bajo el dominio de las empresas migratorias. A mi juicio, se combate mejor a la deslocalización con un Impuesto de sociedades adecuado.
Patxi Juaristi es profesor en la Facultad de Ciencias Sociales y de la Comunicación de la Universidad del País Vasco y autor, entre otros, de Salgai. Euskal kontsumo gizartea aztertzen (2005) y Euskal Herria globalizazioaren aurrean (2001).
Traducción para www.sinpermiso.info: Daniel Escribano

