Michael Billington
18/06/2011
De gran velada para el teatro británico subvencionado es como califica gozosa e irónicamente el avispado crítico Michael Billington la concesión de media docena de los premios más importantes del gremio de la escena norteamericana a obras financiadas originalmente gracias a fondos públicos de allende el Atlántico, apuntando a la paradoja de que Broadway debe hoy buena parte de su vitalidad a las aportaciones de un sistema de teatros públicos que está en peligro a causa de los hachazos presupuestarios del gobierno de coalición británico.
¿Dónde estaría Broadway sin el contribuyente británico? Lo pregunto porque siempre me sorprende como algo ligeramente irónico que el distrito teatral más descaradamente comercial del mundo dependa enormemente de las importaciones de un sector subvencionado en Gran Bretaña. Y esta afirmación queda ahora confirmada por los premios Tony [1] en Nueva York. War Horse, [2] que comenzó en el National Theatre [londinense], resultó vencedora como mejor obra, dirección, diseño, sonido e iluminación. Dicho de otro modo, en todas las categorías en las que era candidata.
Mientras tanto, Mark Rylance ganó el premio al mejor actor por su interpretación de virtuoso en Jerusalem de Jezz Butterworth, un producto del teatro Royal Court. Y aunque The Book of Mormon, de los creadores de South Park, ganara no menos de nueve premios en la categoría de musical, fue con todo una noche extraordinaria para los británicos.
Lo que resulta llamativo es que tanto War Horse como Jerusalem fueran productos con periodos de larga gestación sólo posibles gracias al teatro subvencionado. La compañía sudafricana de marionetas Handspring (que consiguió otro Tony por su "sobresaliente maestría") pasó un año trabajando con los directores de War Horse, Marianne Elliot y Tom Morris, para conseguir la estructura física adecuada para el espectáculo. Gracias a ello surgió la idea de los caballos construidos a partir de armazones de bambú a guisa de esqueleto, con contrachapado y cable de frenos de bicicleta. Pero la idea más radical consistió en dejar completamente visibles a quienes hacían funcionar el caballo, de modo, en palabras de un crítico, que "los actores hacen de vida interior de las bestias". De forma parecida, Jerusalem no causó sensación de la noche a la mañana sino que fue el resultado de la intensa revisión del guión original una vez que Rylance se comprometió con el papel de "Rooster" Byron.
Estoy encantado por todos los premiados y sólo un poquito sorprendido de que se escogiera War Horse en vez de Jerusalem como mejor obra. El genio de War Horse reside en las brillantes imágenes que crea, mientras que Jerusalem es una obra de auténtica complejidad moral. El gran logro de Butterworth consiste en hacer que nos desdoblemos al pensar en su héroe y todo lo que defiende. En uno de los planos, es un Falstaff de[l condado británico de] Wiltshire y un magnífico animador. En otro, es un romántico que se autoengaña y una pesadez, socialmente hablando. Tal como apunta uno de sus acólitos, "no querrías comprarte una casa nueva y encontrarte con que a 400 metros tienes a un ogro que vive en el bosque. War Horse es teatro del mejor, pero Jerusalem tiene un texto más rico.
Comparaciones aparte, lo que quiero resaltar ante todo es que ambos son productos de un sistema subvencionado de gran alcance que se encuentra cada vez más amenazado. Todos los talentos esenciales implicados le han puesto muchísimo curro para conseguir la aclamación de Broadway. Conocí a Elliot en su calidad de joven director del Royal Exchange de Manchester, del que fue su padre uno de los fundadores. Morris puso en el mapa al Arts Centre de Battersea y se ocupa en la actualidad de revitalizar el Old Vic de Bristol. Rylance es un actor que perfeccionó su arte con la Royal Shakespeare Company y que durante años trabajó en teatros como el Bush, el Contact de Manchester y el Citizens de Glasgow antes de ocuparse del Globe de Shakespeare.
El teatro británico puede a veces parecer jerárquico. El hecho es que todo resulta interdependiente. Si teatros como el National y el Royal Court triunfan en los Tony, se debe sólo a que continúa la supervivencia del teatro regional y en los márgenes. Pero, ¿durante cuánto tiempo seguirá siendo esto válido? Si dejamos morir las raíces, si hacemos más difícil que arranquen las carreras de los jóvenes actores, directores y diseñadores y asumimos que el teatro depende totalmente de instituciones prominentes, pagaremos un alto precio. Tal como dice concisamente Nicholas Hytner [actual director del National Theatre]: "Las subvenciones funcionan". Y no creo que podamos tener mejor prueba de ello que los gongs [3] entregados a los artistas británicos en Broadway el domingo por la noche. Detrás de ellos hay toda una intrincada red subvencionada, la existencia misma de la cual, se encuentra, debido a la insensata política gubernamental, hoy en peligro.
Notas del t.: [1] Los premios Tony (cuyo nombre oficial es Antoinette Perry Awards for Excellence in Theater) son el galardón más prestigioso de la vida teatral de Broadway, de Nueva York y, por extensión, de todos los Estados Unidos, equivalentes en su género a los Oscar cinematográficos, los Grammy discográficos o los Emmy televisivos. [2] War Horse [Caballo de guerra], obra basada en una novela de Michael Morpurgo, cuenta la historia de un muchacho que busca a su caballo en los campos de batalla de la Primera Guerra Mundial. Será próximamente llevada al cine por Steven Spielberg. [3] El premio Tony consiste en una medalla de plata montada en un soporte que la hace semejante a un pequeño gong con las clásicas figuras del drama y la comedia en cada una de sus caras.
Michael Billington es crítico teatral del diario británico The Guardian.
Traducción para www.sinpermiso.info: Lucas Antón

