Raji Sourani
28/09/2025
Israel ha cometido y sigue cometiendo un genocidio en Gaza. Esa es la conclusión de un informe de la comisión de la ONU. Desde la publicación del informe la semana pasada, se ha reconocido finalmente a Palestina como Estado independiente por parte del Reino Unido y otros países. En su anuncio del fin de semana, Keir Starmer calificó la muerte y la destrucción en Gaza de «absolutamente intolerables». Este reconocimiento llega demasiado tarde y sigue siendo condicional, pero ¿ha dejado realmente el gobierno del Reino Unido de tolerar la devastación de Gaza por parte de Israel? ¿Ha cambiado algo para la población que está siendo bombardeada y sometida al hambre? Ni mucho menos.
Incluso cuando la ONU publica las conclusiones de su comisión independiente y se iza la bandera frente a la misión palestina en Londres, continúan los desplazamientos masivos y las matanzas en la ciudad de Gaza mientras ataca Israel. En mi condición de abogado que ha pasado toda su vida creyendo en el imperio de la ley, esto me hace preguntarme: ¿la destrucción de Gaza traerá también consigo la muerte del Derecho internacional?
Desde el principio, bastaba con escuchar las palabras de los líderes de Israel para darse cuenta de que existía la intención de cometer un genocidio. Los ministros y políticos israelíes prometieron que Gaza sería arrasada, sitiada y sometida a hambruna. Los bombardeos han sido implacables y generalizados, y han tenido como objetivo escuelas, hogares y hospitales. La mayoría de las víctimas israelíes son niños y mujeres. Las mutilaciones, el hambre, la falta de atención médica y la muerte han sido el pan de cada día de la población de Gaza. Nadie ha hecho nada para detenerlo.
El sufrimiento palestino se ha retransmitido en directo para que lo vea todo el mundo. Israel ha mostrado exactamente lo que está haciendo a los palestinos atrapados. A pesar del asesinato de muchos valerosos periodistas, ha habido otros que han seguido mostrando la realidad: el genocidio se ha retransmitido directamente a las pantallas de sus hogares. Aun así, los gobiernos de todo el mundo no lo han detenido.
Los grupos palestinos que documentan las atrocidades —entre ellos el Centro Palestino para los Derechos Humanos (PCHR), del que soy director, así como el Centro Al Mezan para los Derechos Humanos y la organización palestina de derechos humanos Al-Haq — han sido blanco de ataques aéreos israelíes y sancionados por el Tesoro de los Estados Unidos por documentar pruebas legales de los crímenes que se están cometiendo. Incluso la relatora especial de la ONU, Francesca Albanese, y los funcionarios de la Corte Penal Internacional (CPI), incluido el fiscal jefe Karim Khan, están siendo objeto de amenazas y sanciones por dar a conocer sus conclusiones. Estas conclusiones coinciden con las del más reciente informe del PCHR: que la intención de cometer genocidio existía desde octubre de 2023, como lo demuestran los testimonios de los propios supervivientes y víctimas a los que deberíamos haber protegido.
La comisión de la ONU se suma ahora al amplio consenso de que los palestinos de Gaza han sido víctimas de un genocidio. Se trata de una intervención bienvenida. Pero también es fundamental recordar que el objetivo de la convención sobre el genocidio se recoge en su nombre completo: la convención para la prevención y el castigo del delito de genocidio. La filosofía que la sustentaba era preventiva y punitiva, lo que significa que ahora nos encontramos en una encrucijada. Este genocidio no se ha podido prevenir, pero aún se puede detener. ¿Será esto suficiente para que la gente actúe? ¿O el bombardeo de Gaza también convertirá en escombros los principios del Derecho internacional?
No hablo sólo como palestino, sino como abogado que ha ejercido durante los últimos 48 años y cree en la santidad de la ley. He dedicado mi vida y mi experiencia a ello, porque en mi corazón sentía que debía haber algo que proteger y que el Derecho serviría a las personas más vulnerables. Pero lo que nos han mostrado la inacción y la complicidad de los gobiernos es una realidad desagradable. Es posible que nos enfrentemos a un nuevo mundo en el que el Derecho internacional sea selectivo y esté politizado.
Un genocidio en nuestra época con este nivel de matanzas masivas, destrucción, dolor y sufrimiento demuestra lo frágil que es el imperio de la ley. Las órdenes de detención emitidas por la CPI no han impedido el genocidio. El hecho de que otra institución haya determinado que Israel está cometiendo genocidio tampoco lo ha detenido. La ley solo puede existir si se hace cumplir y se aplica a todos. Los hechos están ahí, la ley está ahí. Nadie puede alegar que no lo sabía. Como sociedad, no podemos permitir que el Derecho internacional muera en Gaza al permitir la impunidad de Israel.
A medida que hay más instituciones que llegan a las mismas conclusiones, no puedo sino esperar que se ejerza una mayor presión sobre los gobiernos que siguen ayudando y proporcionando armas a Israel. Para que estas declaraciones y reconocimientos ofrezcan alguna esperanza tangible al pueblo de Gaza, deben ir acompañadas de medidas exhaustivas. Los Estados que se han mostrado reacios deben seguir el ejemplo de España y adoptar una posición clara instigando un embargo de armas. El amparo y la colaboración que el Reino Unido y los Estados Unidos ofrecen a Israel para su genocidio deben concluir.
Que este informe no sea sólo otro trabajo más que se añade al archivo. Que haya una Palestina y un pueblo a los que reconocer. Que todas estas palabras, declaraciones y manifestaciones nos ayuden a recordar lo que está en juego, no sólo para Gaza, sino para los valores compartidos por el mundo, los del Estado de derecho, la democracia, los derechos humanos y la dignidad. Que mueva, por favor, a actuar al mundo y detenga este genocidio.

