Miguel Romero
06/12/2011En 1984, el medio centro brasileño Sócrates un formidable futbolista,
tan excepcional como su nombre completo: nada menos que Sócrates
Brasileiro Sampaio de Souza Vieira de Oliveira- fichó por el equipo
italiano Fiorentina. En la multitudinaria rueda de prensa que le recibió
en Florencia, un periodista le preguntó cual era su personaje italiano
favorito. Con toda naturalidad, Sócrates respondió: Antonio Gramsci.
Ahora llega la noticia de su muerte. Es muy triste que muera gente que
nos ha dado alegría. Para los aficionados al fútbol, ver jugar a
Sócrates, tan elegante, tan inteligente, tan imaginativo, era una
alegría. Esto mismo es lo que nos contaban todos los amigos futboleros
que tuvieron la suerte de verlo jugar en Sevilla, durante los partidos
de clasificación para el Mundial de 1982, que por cierto no ganó Brasil.
En realidad, debe haber muy pocos trofeos en la carrera de Sócrates;
sólo este dato debería servir para desmentir ese lugar común del
deporte, tomado directamente de la moral capitalista, según el cual sólo
vale el que gana.
Los futbolistas suelen ser considerados como muchachos millonarios y más
bien lerdos, a los que sólo interesa el dinero, ligar, jugar con la
play-station y el consumo de lujo, más o menos por este orden. La
inteligencia de oficio, muy apreciada socialmente en todas las
profesiones, no se toma en consideración en este caso, o porque se
considera que es una cualidad innecesaria para jugar con un balón o
porque los futbolistas no son, en la gran mayoría de los casos, lo que
se entiende convencionalmente por personas inteligentes.
Los aficionados al fútbol tenemos que explicar frecuentemente a los amigos que tienen gustos más refinados,
que lo que valoramos de un futbolista es lo que hace en el campo
durante 90 minutos más o menos; del resto de su vida, mejor pasamos. Por
eso los rojos futboleros encontrábamos un placer suplementario viendo
jugar a Sócrates, sabiendo que era de los nuestros también fuera del
césped.
Dicen que ha muerto alcoholizado. Debe ser muy difícil vivir en la tierra después de pasar unos años en el Olimpo.
Ojalá haya tenido tiempo para disfrutar de la vida al menos tanto como,
hace unos años, en los campos de fútbol, nos hizo disfrutar a
espectadores alegres durante unos ratos, gracias a él.
Miguel Romero es editor de VIENTO SUR

