Marruecos: nuevos avances del PJD islamista

Dörthe Engelcke

03/10/2015

Los marroquíes acudieron a las urnas el 4 de septiembre para votar en las primeras elecciones locales desde 2009. Un total de cerca de 140.000 candidatos compitieron por alrededor de treinta y dos mil concejalías. Estas elecciones locales fueron las primeras después de la nueva Constitución de 2011, que el monarca ha utilizado hábilmente para sofocar al Movimiento del 20 de Febrero y apaciguar las protestas aceptando aparentemente algunas de las reivindicaciones de los manifestantes. La nueva Constitución y la posterior ley de regionalización da más poder a los consejos regionales, y también más prerrogativas a las doce regiones de Marruecos.

El Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD), islamista, es el claro ganador de las elecciones locales de este año. El PJD ganó bastantes escaños en los consejos regionales (más del veinte y cinco por ciento). Su principal rival, el Partido de la Autenticidad y la Modernidad (PAM), un partido alentado por palacio y creado en 2008 con el fin de hacer contrapeso al islamista PJD, ganó un poco más del diecinueve por ciento de los escaños. El PJD ganó en la mayoría de las ciudades importantes: Casablanca, Rabat, Sale, Marrakech, Fez, Meknes, Tánger, Kenitra y Agadir. El partido se consolidó como la principal fuerza en los centros urbanos. A nivel municipal, el PJD fue tercero con casi dieciséis por ciento de los votos, después del PAM que ganó cerca de veinte y uno por ciento, y el nacionalista Istiqlal (Independencia), que ganó sólo poco más del dieciséis por ciento.

Sin embargo, la ingeniería electoral desde arriba ha hecho que la fuerte presencia del PJD se haya relativizado en parte. Sobre la base de los resultados de las elecciones locales, fueron elegidos el 14 de septiembre los doce presidentes regionales. El PAM ganó cinco de las presidencias regionales, mientras que el PJD, la Agrupación Nacional de Independientes (RNI), y el Partido Istiqlal ganaron dos cada uno. El Movimiento Popular (MP) ganó sólo una presidencia. estos resultados significan que los alcaldes de todas las grandes ciudades, como Casablanca, Rabat y Agadir están ahora en manos del PJD, en lugar de sólo dos presidencias regionales menores. El resultado, por lo tanto, no refleja el buen resultado electoral del PJD.

Los resultados se pueden explicar por el hecho de que el socio de la coalición de gobierno del PJD, el RNI –un partido creado desde el makhzen (el palacio)- ha votado a favor de los candidatos del PAM, apuñalando a su socio de coalición por la espalda. Este comportamiento electoral del RNI ayudó al PAM  a ser más influyente en las regiones. Las regiones han ganado importancia a través de los programas de desarrollo e infraestructuras dirigido por el Estado durante la última década. Como resultado, los alcaldes del PJD tienen que trabajar en estrecha colaboración con los presidentes regionales. Lo que el PJD sea capaz de conseguir para las ciudades dependerá, por tanto, de su capacidad de trabajar con el PAM. El cambio de bando del RNI debe ser visto como una maniobra táctica del makhzen, como un intento de contener la mayor influencia del PJD en las ciudades. Durante una entrevista con Bilal Talidi, miembro del buró nacional del PJD, Talidi afirmó que las regiones que se consideran estratégicas, porque son ricas, turísticas, o regiones fronterizas, quedaron deliberadamente fuera de la influencia del PJD. De hecho, las cinco regiones que el PAM ganó (Tánger-Tetuán-Al Hoceima, Oriental, Beni-Mellal-Khénifra, Marrakech-Safi, Casablanca-Settat) generaron más del sesenta por ciento del PIB en 2013, según la Oficina Federal de Estadísticas de Marruecos.  

Su victoria electoral convierte al PJD en el favorito para 2016

Las elecciones fueron vistas como una prueba importante para el gobierno del primer ministro Abdelilah Benkirane, quien, en enero de 2012, formó el primer gobierno liderado por los islamistas en Marruecos. Mientras que en Túnez, el partido islamista Ennahda recibió un golpe en las elecciones parlamentarias de 2014 y también perdió la presidencia, que paso a Beji Caid Essebsi, líder del partido laico Nidaa Tounes. Mientras que en Egipto un golpe popular derrocó a los Hermanos Musulmanes, que han sufrido una severa represión y persecución en el Egipto dirigido por los militares, en Marruecos, los islamistas han sido capaces de ganar terreno. En las últimas elecciones locales de 2009, el PJD obtuvo setecientos mil votos, una cifra que en 2015 llegó a más de 1,5 millones de votos.

El éxito electoral de los islamistas marroquíes se debe a una combinación de factores. La democracia interna y un mensaje político coherente y fuerte hacen que el partido sea creíble. El PJD es también fuerte, porque otros partidos, en particular a la izquierda, son débiles, como la Federation de la Gauche Démocratique (FGD). Más importante aún, a diferencia de otros movimientos islamistas en la región, el partido ha demostrado un gran pragmatismo. El compromiso claro y explícito con la monarquía y el hecho de que no quiera cambiar radicalmente el orden político existente ha sido claves para el éxito del PJD. La visión del Islam político como un movimiento de oposición al estado, no es aplicable con respecto al PJD.

Liderazgo efectivo y democracia interna

El PJD llevó a cabo una campaña electoral eficaz. Se benefició de tener un primer ministro en funciones que es popular entre los marroquíes y que estuvo muy presente durante la campaña. Benkirane recorrió todas las grandes ciudades, entre ellas Casablanca, Salé, Fez, Meknes, Agadir, Taza, y Tiznit, así como otras más pequeñas. Los medios de comunicación se apresuraron a señalar que el PJD gastó 312.419 MAD (alrededor de treinta y dos mil dólares) de sus fondos de campaña en un jet privado para que Benkirane pudiese volar de ciudad en ciudad; pero esto no parece haber perjudicado su popularidad. Los demás partidos carecen de líderes tan populares. Cuando Fouad Ali El Himma, un amigo de la infancia y asesor del rey, se retiró de la primera fila del PAM en 2011, el partido perdió un carismático líder. La actual dirección del partido carece de credibilidad. Mustapha Bakkoury, el secretario general, es el ex director de la Caisse de Dépôt et de Gestion, una institución financiera pública. A pesar de ocupar cargos públicos, también es el jefe de la Agencia Marroquí de Energía Solar (MASEN), una empresa de propiedad pública con cientos de miles de dólares de inversión. El PJD se ha apresurado a señalar que es un tecnócrata que no posee credenciales políticas.

La mayoría de los partidos no tienen fuertes grupos locales ni una afiliación ideológica. Los candidatos a menudo cambian de partido, siendo percibidos como corruptos e ineficaces. Omar Balafrej, el candidato del izquierdista FGD en Agdal-Hay Riad, recientemente señaló este hecho en un debate televisado con otros políticos. El PAM ha reclutado con éxito a notables locales, sobre todo en las zonas rurales, que utilizan los lazos familiares y personales para asegurarse votos. En contraste, el PJD elige a sus candidatos cuidadosamente y selecciona a los candidatos más prometedores a través de mecanismos internos democráticos. Los candidatos tienen que pasar un proceso de selección de tres etapas: un proceso de selección dirigido por el comité local, seguido por un proceso similar de selección en el comité regional, y, finalmente, conseguir ser nombrados por el secretario general del partido. Este riguroso proceso de selección está diseñado para garantizar que los candidatos están comprometidos y no participan por razones oportunistas.

"Hemos celebrado dos mil reuniones para elegir a los candidatos que compitieron en estas elecciones. Benkirane dijo que si no había democracia interna, lucharíamos entre nosotros, por lo que es necesario que haya un consenso detrás de la decisión de presentar un determinado candidato. Antes de que sean elegidos por los miembros hablamos de cada candidato durante tres horas. Buscamos personas honestas, no corruptos, y cualificados. Nuestros procedimientos son muy estrictos, pero después no tenemos ningún problema, porque la decisión es consensuada", explica Bilal Talidi, miembro de la Mesa Nacional del PJD y editor de la publicación del partido al-Tajdid, en una entrevista.

Los diputados del PJD se presentan como gestores locales eficaces. El PJD ha adoptado un discurso tecnocrático que ha estado en el centro de su estrategia de legitimación del partido. A nivel local, el partido ha puesto énfasis en el buen gobierno. Los miembros del PJD se presentan como gestores eficientes que utilizan los fondos locales con responsabilidad, lo que los distingue de los demás candidatos. [1] La gente, por tanto no vota necesariamente al PJD por razones religiosas, sino porque lo ven como una alternativa no corrupta a los otros partidos que han perdido credibilidad. El hecho de que el PJD tuvo buenos resultados en barrios relativamente ricos, como Agdal-Hay Riad, refuta la creencia generalizada de que quienes votan a los partidos islamistas y sus candidatos son los más pobres. El PJD tiene un fuerte electorado de clase media y ha sustituido cada vez más a la Unión Socialista de Fuerzas Populares (USFP) como la fuerza principal en los centros urbanos. [2] Los simpatizantes del partido tienen socialmente puntos de vista conservadores, apoyan un modelo económico neoliberal de recorte de subsidios y la privatización y la inversión extranjera, como defiende el PJD.

Algunos éxitos que enarbolar a pesar del escaso margen de maniobra

Desde que el partido formó el primer gobierno liderado por los islamistas en 2012, su margen de maniobra se ha restringido y la monarquía sigue siendo la fuente central de poder del sistema político. El gabinete en la sombra del rey es casi un gobierno paralelo. Esto a pesar del hecho de que la Constitución de 2011 atribuye más prerrogativas al parlamento. El PJD continúa aceptando la práctica de unos “ministerios de soberanía” que responden directamente al rey, como el Ministerio del Interior y el Ministerio de Asuntos Religiosos. El PJD ha adoptado una actitud de pragmatismo extremo. Ha tenido cuidado de no tener conflictos con el rey. Durante una reunión en enero de 2015 con la juventud del PJD, el primer ministro declaró que el PJD no gobierna Marruecos. Del mismo modo, en una entrevista con Al Jazeera en árabe en mayo de este año, Benkirane explicó al periodista Ahmed Mansour que es el rey quién gobierna Marruecos. Otros miembros del partido también reconocen abiertamente que Marruecos sigue siendo un país donde el rey gobierna y administra. Abdelaali Hamiedinne, miembro del secretariado general del PJD, admite que "el gobierno no puede sobrevivir sin el apoyo del rey."

Al final, el equilibrio entre aceptar responsabilidades, y describirse como un grupo de gestores eficaces, mientras que al mismo tiempo reconoce que no están completamente al cargo ha dado sus frutos en las elecciones locales de este año. Los votantes han premiado esta honestidad, que ningún partido político anterior se atrevió a reconocer antes. Esta estrategia, sin embargo, resultar arriesgada y menos sostenibles a largo plazo. Los avances del partido en las elecciones de este año hacen más difícil reconocer esa falta de control y los votantes juzgarán con más dureza cualquier fracaso en la gestión .

En general, el partido ha logrado comunicarse efectivamente con el electorado y vender su mensaje de lucha contra la corrupción a pesar de que, en realidad, rara vez hizo esfuerzos en ese sentido y se ha atribuido laureles por cosas que en realidad no hizo. En 2011, su programa electoral incluía la lucha contra la corrupción y desde entonces ha habido una moralización de la vida pública. [3] Pero al retratar la corrupción como un fracaso individual y no como un problema estructural, no ha cuestionado los negocios del monarca y su séquito. En las entrevistas, los miembros del PJD afirman que el partido reformó los criterios de acceso a los ministerios mediante la imposición de oposiciones nacionales como requisito de ingreso, lo que es un mensaje contra el clientelismo y a favor de la igualdad de oportunidades para todas las personas que quieren ser funcionarios públicos. Sin embargo, el decreto de estas reformas en la administración pública se remonta al 25 de noviembre de 2011, pero Benkirane fue designado oficialmente primer ministro el 29 de noviembre 2011, lo que significa que el partido no introdujo esta reforma. En otro de los muchos intentos de combatir la corrupción, el PJD ha anunciado medidas de reforma para el sistema de concesión de licencias de taxis. En un esfuerzo por aumentar la transparencia, se decidió publicar las listas de las personas que poseen licencias de taxi, que incluían muchos nombres conocidos. Si bien ello ha aumentado sin duda la transparencia y el acceso a la información, finalmente el partido no tomó medidas para reformar este sistema. La gente, por tanto, tiene la impresión de que el partido realmente lucha contra la corrupción porque ocupa un lugar destacado en su discurso público, pero en realidad no es así.

Más realistas que el rey

El PJD comenzó a participar en las elecciones en la década de 1990. La monarquía orquestó la integración política del partido después de que el mayor movimiento islamista del Reino, Al Adl wal Ihsan, se hubiese resistido a los intentos de cooptación de la monarquía. El PJD se vio obligado a reconocer las prerrogativas religiosas y ejecutivas del rey. Es un partido monarquico que acepta la configuración existente de poder y no pretende alterarla radicalmente. Desde su llegada al gobierno en 2011, el PJD ha procurado reafirmar su postura monárquica. Desde el comienzo de su experiencia gubernamental, el partido interpreta sus prerrogativas de forma conservadora con el fin de evitar cualquier enfrentamiento con la monarquía. Los miembros del PJD no se cansan de repetir que ellos quieren un "cambio gradual con estabilidad", un mensaje que se hace eco del de la monarquía.

La experiencia de la vecina Argelia influye mucho en este enfoque. Allí el ejército anuló la segunda vuelta de las elecciones de 1992 cuando fue evidente que el Frente Islámico de Salvación (FIS) ganaría una victoria arrolladora. El PJD se sienten reivindicados tras el ejemplo más reciente de la Hermandad Musulmana egipcia y consideran que su modelo de cambio gradual es el más eficaz. Los miembros del PJD consideran a los Hermanos Musulmanes de Egipto como un movimiento sin inteligencia política, que quería mucho en poco tiempo y fracasó. Al final, este mensaje de cambio gradual es el que el PJD promueve junto con un claro apoyo a la monarquía, siendo un partido atractivo para los votantes que quieren un cambio, pero no necesariamente un cambio de régimen.

Un mensaje político coherente atractivo para los votantes

En políticas sociales, como el aborto y los derechos de las mujeres, el partido sigue siendo conservador, y está muy enfrentado a los grupos de mujeres laicas. Fouzia Assouli, presidenta de la Federation de la Ligue Démocratique des Droits des Femmes (FLDDF) afirmó en una entrevista que el gobierno Benkirane ha significado un retroceso para los derechos de las mujeres. Assouli critica que los grupos de mujeres no han sido consultados sobre cuestiones políticas claves, como la ley de paridad. El PJD ha sido lento a la hora de aplicar las nuevas disposiciones sobre paridad de la Constitución de 2011, lo que los grupos de mujeres afirman muestra la falta de compromiso con la paridad del gobierno. Las declaraciones misóginas hechas por el primer ministro y el hecho de que el ministro de Justicia Mustafa Ramid vive en un matrimonio polígamo con considerados un mal ejemplo para los marroquíes y alienta los estereotipos de género y la estigmatización de las mujeres. En junio de 2014, Benkirane comparó a las mujeres con las lámparas que iluminan la casa. Su conclusión fue que las casas se convierten en lugares oscuros cuando las mujeres salen a trabajar, una declaración que se entiende dirigida contra la participación femenina en el mercado laboral. Se han disparado las campañas #anamachitria que se traduce como "Yo no soy una lámpara" en árabe coloquial marroquí. Sin embargo, aunque estas declaraciones enfurecieron a la elite de la clase media marroquí, muchos marroquíes las entienden como un compromiso con los valores y la cohesión familiar. Estos sectores de la población también están de acuerdo con los roles de género conservadores que el partido promueve, reforzando la percepción de que el mensaje del partido es coherente.

Los grupos de mujeres como el FLDDF critican al primer gobierno Benkirane (2012-2013) por contar solo con una ministra, Bassima Hakkaoui, que es ministra de solidaridad, mujeres, familia y desarrollo social, y miembro del PJD. Sin embargo, ninguno de los otros partidos de la coalición de gobierno, incluido el Partido para el Progreso y el Socialismo (PPS), han considerado necesario nombrar una ministra, por lo que la izquierda oficial es considerada hipócrita. Cuando el gobierno se reorganizó en octubre 2013 una segunda mujer fue nombrada ministra. Sin embargo, con veinticuatro ministros, la representación femenina sigue siendo marginal. Una vez más la representación política femenina no es considerada esencial por parte del electorado en general.

Fuerte porque otros son débiles

Los islamistas son fuertes porque sus competidores son débiles. Esto se aplica especialmente a la izquierda, que es la clara perdedora de las elecciones de este año. Mientras que el mensaje del PJD es simple y claro en relación al monarca, la izquierda se divide y muestra sus contradicciones internas en relación con el orden político existente. Puesto que no hay un acuerdo sobre el tipo de sistema político que la izquierda quiere y cómo lograrlo, los partidos unas veces lo boicotean y otras veces participan en el proceso electoral. Considerando que el Partido Socialista Unificado (PSU) boicoteó las elecciones de 2011, en 2015 decidió participar como parte de una coalición de tres partidos de izquierda llamada Federación de la Izquierda Democrática (FGD), a pesar de que el marco político no ha cambiado entre 2011 y 2015. Un partido de izquierda radical, Vía Democrática (Annahj Addimocrati) boicoteó las elecciones e hizo campaña a favor de un boicot general. Once de sus miembros fueron arrestados en Rabat el 25 de agosto por organizaron la campaña pidiendo el boicot a las elecciones.

Las elecciones de 2015 han aumentado significativamente la legitimidad del PJD. Sin embargo, hay que evitar asumir el éxito futuro del partido islamista. Los partidos marroquíes tienden a tener una fecha de caducidad de dos mandatos en el gobierno antes de que pierdan credibilidad. Cuando los partidos de izquierda entraron en el gobierno en 1998, por primera vez después de décadas de oposición, el gobierno liderado por la Unión Socialista de Fuerzas Populares (USFP) sobrevivió dos legislaturas antes de derrumbarse. El partido cambio su proceso de reclutamiento después de su llegada al gobierno, fue socavado por los oportunistas, y finalmente sufrió una grave erosión de legitimidad que condujo a divisiones internas y, finalmente, a su desaparición. La experiencia del PJD, hasta el momento, no es excepcional en comparación, y ha sido cooptado con éxito por la monarquía. Si el partido es reelegido para un tercer mandato en 2021, se podrá empezar a hablar del éxito del PJD como algo excepcional.

Sin embargo, si el PJD cae en el desacredito rápidamente, la monarquía se enfrentará a un serio desafío, al no tener otro as en la manga. Por ello, la monarquía tiene interés en preservar la experiencia del PJD, por el momento, lo que también significa salvaguardar la imagen de un cambio gradual. La participación oficial ha sido del 53,67 por ciento, que parece inflada. El modelo de democracia participativa que el rey defiende sólo es creíble si la gente participa realmente en las elecciones –lo que explica la dura represión de las campañas de boicot de las elecciones. La campaña de boicot no es importante en términos numéricos, sino porque socava la narrativa oficial de democracia participativa. La fachada democracia sólo es creíble si hay un mínimo de participación.

Por ello, la monarquía se ve obligada a construir un partido alternativo al PJD en los centros urbanos, donde la gente vota cada vez más por razones programáticas y no clientelistas. El principal rival del PJD, el PAM, ha tenido buenos resultados en las zonas rurales, donde el clientelismo sigue siendo mas importante que los programas. La gente que vota al PAM sabe que el partido goza de buenas relaciones con la monarquía, y esperan beneficiarse de inversiones y proyectos. Sin embargo, ya que el partido estaba programado originalmente para crear un contrapeso a los islamistas, la aplastante victoria del PJD en los centros urbanos demuestra que el PAM es incapaz de presentar una alternativa creíble al Partido Justicia y Desarrollo. El PAM es por lo tanto una herramienta cada vez menos útil a la monarquía si no puede ganar en las ciudades, lo que plantea un reto para la monarquía a largo plazo.

El equilibrio de las diversas facciones políticas es un elemento central de la estrategia de supervivencia de la monarquía marroquí. La estabilidad futura de la constelación política actual, por tanto, depende de encontrar nuevas maneras de mantener el equilibrio, sobre todo después de unas elecciones que han demostrado que la balanza se inclina cada vez más hacia un lado.

Notas:

[1] [2] Mounia Bennani-Chraïbi, "'Hommes d'affaires" versus "profes de fac. La notabilisation parlementaire d'un parti de militantes au Maroc”, Revue Internationale de Politique Comparée 15, núm. 2 (2008), 217.

[3] Malika Zeghal und Khadija Mohsen-Finan, "Oposition islamiste et pouvoir monarchique au Maroc. Le cas du Parti de Justice et du Développement”, Revue Française de la Science Politique 56, no. 1 (2006), 103.

es profesora visitante en el programa de Estudios Jurídicos Islámicos de la Harvard Law School, EE UU.
Fuente:
http://www.jadaliyya.com/pages/index/22789/the-ongoing-steady-gains-of-moroccos-islamist-part
Traducción:
Enrique García