Norman Finkelstein: “Tenemos que buscar unidad en la lucha en pro de Gaza”. Diálogo con Nikhil Singh

Norman Finkelstein

Nikhil Pal Singh

29/08/2024

Nikhil Singh, profesor de la Universidad de Nueva York, conversó el pasado mes de mayo con Norman Finkelstein, el más encarnizado crítico judío de Israel en los Estados Unidos, después de que este se dirigiera a los estudiantes solidarios con Palestina acampados en la Universidad de Columbia

¿Qué importancia tienen los mensajes y lemas adoptados por los movimientos sociales? En los años sesenta, uno de los lemas más sencillos y poderosos del movimiento afroamericano por los derechos civiles era: «¡Libertad ya!». Con esa consigna, el movimiento indicaba que las demandas de los negros iban más allá de una lectura limitada de los derechos y protecciones legales. Al mismo tiempo, recurrió a una de las palabras clave más poderosas del léxico político estadounidense de una forma inmediatamente legible para un público amplio y popular.

La ocasión para la conversación que sigue fue una alocución que el politólogo Norman Finkelstein pronunció en la acampada de la Universidad de Columbia iniciada en protesta por la guerra de Israel en Gaza. Finkelstein desafió a los estudiantes a que pensaran en qué clase de mensaje podría ampliar su audiencia y construir su movimiento. Cuestionó el lema «Palestina será libre, desde el río hasta el mar» por considerarlo en su mayor parte ineficaz para estos fines, debido a al modo cómo inflama los temores entre los partidarios de Israel y da pábulo a los argumentos según los cuales las protestas propalestinas en los campus universitarios norteamericanos son antisemitas e incluso «genocidas».

Los estudiantes se mostraron en buena medida indiferentes.

Finkelstein ha resurgido como una voz destacada en las protestas actuales y en los debates en torno a las mismas. A pesar de su vasto conocimiento de la historia del conflicto palestino-israelí, su carrera académica formal quedó destruida de forma efectiva por sus adversarios ideológicos debido a sus críticas a Israel. Al mismo tiempo, no siempre ha congeniado con los movimientos de apoyo a las luchas palestinas; se ha opuesto, por ejemplo, a los planteamientos del movimiento BDS (boicot, desinversión y sanciones).

La entrevista se ha editado en beneficio de una mayor extensión y claridad.

Nikhil Singh: Tú has planteado preguntas acerca de la eficacia de ciertos lemas y mensajes que surgen del movimiento estudiantil propalestino en los campus universitarios norteamericanos. Espero que podamos profundizar en estas cuestiones para entender lo que crees que está en juego.

Norman Finkelstein: Antes de entrar en materia en esta conversación, quiero dejar constancia de que [la semana pasada] el presidente Biden anunció una revisión significativa de la política de los EE.UU. hacia Israel. Declaró que los Estados Unidos no pondrían a disposición de Israel ciertas armas si llegara a lanzar un asalto terrestre contra Rafah. No me cabe duda de que esta decisión se ha tomado principalmente a causa del movimiento estudiantil que comenzó hace unas semanas. Esos jóvenes salieron con valentía y constancia día tras día y se jugaron su futuro por la población de Gaza. Esto debería pesar mucho en la conciencia de los rectores de las universidades que contemplan la posibilidad de suspender y expulsar a esos estudiantes.

Singh: Estoy totalmente de acuerdo. Me muevo en un campus universitario [la Universidad de Nueva York] en el que estos son temas candentes, en el que hay un gran movimiento en favor de presentar una moción de censura contra el presidente de nuestra universidad, que ya ha llamado dos veces a la policía contra los manifestantes estudiantiles. Los estudiantes cuentan con un importante apoyo entre el profesorado y yo les felicito por lo que han hecho. Se ha detenido a más de 2.000 estudiantes de unas 50 universidades en todo el país. Se trata de un movimiento estudiantil significativo, aunque su repercusión, así como lo substantivo de cualquier «giro» en la política norteamericana, está aún por ver.

Finkelstein: Tenemos esa famosa declaración atribuida a Frederick Douglass [reformador social y abolicionista norteamericano del siglo XIX]: «El poder no concede nada si no se le presenta una exigencia. Nunca lo ha hecho y nunca lo hará». Y esto es prueba fehaciente de ello. Si lo concedieron se debió no sólo, sino principalmente a ese movimiento estudiantil. Es un momento heroico y un ejemplo maravilloso.

La idea central de lo que les conté a los manifestantes de la Universidad de Columbia fue la siguiente: los lemas políticos suelen parecer algo trivial, mundano y carente de cualquier contenido intelectual profundo. Algo que se sueña y que, con suerte, rima. Como: «Divulga, desinvierte, no pararemos, no descansaremos». Pero un lema político es uno de los aspectos más significativos de un movimiento político. Y es así porque un lema consolida dos cosas: primero, toda una visión política. Pero también hace algo más: aprovecha el momento. Articula lo máximo que se puede conseguir en un momento dado. Así que ha de tener en cuenta la conciencia pública en un momento determinado.

Cuando Trotski daba consejos a sus seguidores en España durante la Guerra Civil española, afirmaba que en un periodo revolucionario la conciencia política cambia muy rápidamente. Lo que ayer parecía imposible hoy parece posible, porque la visión del mundo de las masas, por así decirlo, ha cambiado. Así que Trotsky decía que hay que estar constantemente alerta y en sintonía con la conciencia pública, y cambiar por consiguiente las consignas.

El mayor lema político del siglo XX fue el de los bolcheviques en 1917: «Pan, paz, tierra». ¿Qué tiene de brillante esa consigna? «Pan» significaba “pan para los trabajadores hambrientos”. «Paz» quería decir “paz para los soldados que mueren en tropel en el frente de la I Guerra Mundial”. Y «tierra» significaba «tierra para los hambrientos de tierra», efectivamente, para los siervos. Esas tres palabras abarcaban todo el programa.

En [el campus de la Universidad de] Columbia, me basé en estos antecedentes para decir que «alto el fuego ya» era una consigna excelente. Los jóvenes la modificaron, correctamente, como «alto el fuego permanente».

El otro lema en cuestión, con el que tuve algún problema, era «desde el río hasta el mar, Palestina será libre». No es un lema nuevo. Pero el hecho de que la consigna sea respetable no significa que no haya que pensárselo dos veces. Los movimientos políticos deben hacer autocrítica y corregir el rumbo. Así que, al argumento de que «siempre hemos coreado ese lema», yo respondería: «Sí. Y siempre hemos acabado perdiendo».

Hoy vivimos en una época diferente. Cuando coreábamos esa consigna, no nos dirigíamos a nadie más que a nosotros mismos. No había interés público en lo que decíamos. Pero hoy se trata de un juego totalmente diferente. Hay una conciencia pública completamente nueva en torno a este tema.

Singh: Estoy de acuerdo contigo en que lanzar mensajes es importante y que es importante para construir movimientos más grandes. Pero creo que el problema subyacente no es sólo el mensaje, sino la unidad y la coherencia del propio movimiento, y la capacidad de los movimientos en general de llegar a posiciones respecto a las cuales gocen de claridad y acuerdo internos. El lema puede ser el punto final de ese proceso. Pero si empezamos por el lema y pensamos en cómo podríamos modificarlo, podríamos pasar por alto una cuestión subyacente: ¿qué pensamos realmente?, algo que es todavía más difícil.

Voy a mantener por el momento mi agnosticismo respecto a «desde el río hasta el mar». Para muchos manifestantes, se trata simplemente de una expresión de solidaridad con los palestinos. Y es extraordinario contemplar el grado de solidaridad que se muestra hacia los palestinos en un país donde la vida y las aspiraciones políticas palestinas se han visto despreciadas por todo nuestro estamento de poder político y mediático durante generaciones. Para esta generación, la lucha palestina se está convirtiendo en la causa moral de nuestro tiempo.

Pero sigue subyaciendo la cuestión de cuál puede y debe ser nuestra posición respecto a una futura solución de este conflicto. No creo que nos corresponda decir lo que israelíes y palestinos deben decidir en última instancia. Los norteamericanos podemos influir más en nuestro propio gobierno. Por eso «alto el fuego ya» es un buen lema. Por eso «desarme y desinversión» es una buena consigna. Hay muchas maneras de influir directamente en la política y en las instituciones de gobierno del país.

Pero dada esta larga lucha, en la que dos pueblos se encuentran en un terrible y violento callejón sin salida, quienes participan en un movimiento de solidaridad se ven obligados a elegir bando. Quedarse a medio camino no es una opción. La dominación de Israel, su largo fracaso a la hora de alcanzar un acuerdo justo con los palestinos y su continuo expansionismo explican en parte por qué vemos que el argumento del colonialismo de los colonos vuelve a cobrar importancia. El problema es que este argumento también puede implicar que el propio Israel no tiene derecho a existir, y que el pueblo judío que ha vivido en esa tierra durante generaciones tendrá finalmente que marcharse a otro lugar.

Sabemos que esta es una postura que se ha articulado en algunas partes del mundo árabe. Y sabemos que en varias ocasiones ha constituido una posición dentro de la lucha, más amplia, de la liberación nacional palestina. Y aunque no tengo claro cómo sería una solución definitiva a este conflicto, sí tengo claro que implica que los millones de judíos que viven en Israel sigan formando parte del mismo.

Lo cierto es que el sionismo -el compromiso con una patria nacional para el pueblo judío- cuenta con el apoyo de la mayoría de los judíos de Israel, y puede que incluso con el de la mayoría de los judíos de los Estados Unidos. Hay una fuerte identificación con Israel, hay una relación con la gente que vive allí. Hay lazos familiares y viajes de ida y vuelta. ¿Cómo se tiene eso en cuenta -¿se tiene en cuenta? - como parte de lo que considera cuando se protesta en nombre de la libertad palestina en el momento actual?

Finkelstein: ¿Por dónde empezar? No creo que se trate sólo de enviar mensajes. No es cuestión de relaciones públicas. Es una preocupación política. Y como he dicho, una consigna sintetiza toda una visión. Tienes razón en que la gente quiere mostrar su solidaridad con el pueblo de Gaza, y les importa un bledo lo que piensen los demás. Hay 15.000 niños muertos. Hay 40.000 muertos. Hay todo un paisaje arrasado, reducido a escombros, pulverizado. Hay quienes dirán: «A la mierda si hiere tus sentimientos, a la mierda si te causa 'miedo' o incomodidad». Lo entiendo.

Los dos problemas que tengo al respecto son muy sencillos. No quiero parecer pedante. Lo que quiero es ganar. Así que, si hago salvedades, no es por cuestiones académicas, sino por el deseo de vencer de un activista político. Si quieres formar un movimiento de masas, lo que quieres es meter a tanta gente como sea posible en un gran pabellón. Tienes que convertirte en una fuerza política a tener en cuenta, que es lo que hizo el movimiento estudiantil el mes pasado y por lo que Biden finalmente tuvo que ceder. No me cabe duda de que fueron esos titulares histéricos todos los días sobre esas manifestaciones estudiantiles los que hicieron que Biden se diera cuenta: «Tengo que hacer algo ya».

La manera de convertirse en una fuerza política formidable consiste en crecer en número. Creo que un lema político debe ser lo más claro y sucinto posible, para no dejar ningún margen de maniobra que pueda ser malinterpretado y explotado por el otro bando. «Desde el río hasta el mar, Palestina será libre» es un lema que deja mucho margen de maniobra al otro bando. «¿Qué quiere decir con “Palestina será libre”? ¿Quiere decir que no hay sitio para Israel?».

A estas alturas, la opinión pública es consciente de que hay algo malo en un Estado que privilegia a los judíos. Como dice B'Tselem, el Centro de Información Israelí para los Derechos Humanos en los Territorios Ocupados, sólo hay un Estado desde el río hasta el mar, es decir, Cisjordania, Israel y Gaza. Hay un solo Estado, y está anclado en el principio de supremacía judía. Se mire como se mire, los judíos tienen más derechos en ese Estado. En esa medida, no tengo ningún problema en decir: «No podemos consentirlo».

Pero como ya has dicho tú, «Palestina será libre» también puede significar otra cosa. Puede encajar en lo que se llama el marco colonial de los asentamientos, que básicamente dice: «Los colonos no tienen derechos legítimos sobre la tierra. La tierra pertenece a quienes son “indígenas” de la misma. Y todos los demás, como mucho, pueden vivir allí con la indulgencia de la mayoría indígena, o tienen que hacer las maletas y marcharse». Y la razón por la que ese lema es ambiguo es porque el movimiento es ambiguo respecto a cuál es su objetivo. Y si intentas eliminar la ambigüedad, corres el riesgo de romper el movimiento.

Entonces, ¿qué hacer? Podrías limitarte a reivindicaciones sencillas, con las que todo el mundo pueda estar de acuerdo: «alto el fuego permanente». Durante la guerra de Vietnam, al final había dos consignas. Uno era «fuera ya», es decir, «todas las tropas, fuera ya». Era un eslogan muy sencillo, y unió a la gente. El otro eslogan era «firmad el tratado» [para poner fin a la guerra].

Esos lemas reducían el punto de unidad a un denominador común. Otra posibilidad es arriesgarse a la fragmentación debatiéndolos. Y una tercera es la ambigüedad constructiva. Modificar la consigna por: «Desde el río hasta el mar, los palestinos serán libres». No avala un Estado, no avala dos Estados. No dice: «Todos los judíos tienen que irse». No dice: «Los judíos pueden quedarse». No implica: «Queremos deshacernos de los judíos». Para mí, el lema ideal sería: «Desde el río hasta el mar, una persona, un voto, los palestinos serán libres».

Quizá deberíamos debatir ahora en torno a ello, pero tengo sentimientos muy encontrados al respecto, porque creo que fragmentaría el movimiento. En cambio, encontrar ese denominador común podría aportar unidad y claridad a esta lucha.

Singh: Uno de los problemas del debate, por supuesto, es que siempre hacemos recaer sobre la parte más débil la responsabilidad de adaptarse. No hablamos realmente del problema de enviar mensajes a la otra parte, de la parte israelí.

Tú sabes mejor que nadie que casi cualquier postura que adopte uno en apoyo de Palestina será calificada de genocida o de querer deshacerse de los judíos.

Obviamente, se trata de una perspectiva paranoica. Tiene algo de justificación y de base en la realidad, como la mayoría de las paranoias, pero también bloquea cualquier movimiento de concesiones por parte israelí, y a propósito. Nos lo pone muy difícil a aquellos de nosotros que intentamos adoptar una posición matizada, que reconozca las preocupaciones israelíes en materia de seguridad o las preocupaciones existenciales judías -que son reales, y no se puede estudiar la historia del mundo de los últimos dos siglos sin saber esto- defendiendo a la vez la justicia y reparación para con los palestinos por la continua colonización y la desposesión, su ciudadanía de segunda clase en Israel y el asedio y la guerra permanente, que ahora se acerca al genocidio, en Gaza.

Esto supone un tremendo aprieto en lo que toca a la cuestión de los mensajes de los movimientos de apoyo a Palestina. El éxito de la guerra informativa de Israel, su uso constante de la guerra jurídica [el recurso a de los tribunales para deslegitimar a los críticos] y el tremendo apoyo del que goza en el estamento de poder político y mediático de Estados Unidos, hace que se le haga cuesta arriba a cualquier movimiento que apoye a los palestinos.

Finkelstein: Hagamos lo que hagamos, por supuesto que la otra parte va a tratar de explotarlo. Sin embargo, se les puede dificultar o facilitar el trabajo. Durante la guerra de Vietnam, yo era maoísta, era seguidor de Mao Zedong. Mi credo era: «Presidente Mao, ¡vivamos como él! Atreverse a luchar, atreverse a vencer». Nuestro lema durante las manifestaciones no era «fuera ya». No era «firmad el tratado». Era: «Ho Ho Chi Minh, el FLN va a vencer». No es un gran eslogan si quieres ganarte a la gente.

Singh: Creo que es importante reconocer que los estudiantes que encabezan esto van aprendiendo como parte del proceso. Muchos de ellos llevan aprendiendo desde 2020, si no antes, en las protestas contra la violencia policial. Los estudiantes están desarrollando algunos de sus propios protocolos y formas de entender, como ellos dicen, cómo cuidar unos de otros. Y una política de cuidados es muy importante para estos movimientos, de una manera que me parece es diferente de los movimientos en los que crecimos. Veo a estos estudiantes tratando de resolver cuestiones que son profundamente sensibles a las diferencias, y ampliamente humanas al mismo tiempo.

También está ocurriendo algo único. Están tratando de reunir una concepción bastante amplia, quizá sin precedentes, de quién pertenece, de qué vidas importan, y de establecer conexiones, por ejemplo, entre lo que vieron en las calles de Ferguson o Minneapolis (con el asesinato de George Floyd), y lo que están viendo en Gaza.

En última instancia, no es trabajo nuestro decirles lo que tienen que hacer -y no estoy diciendo que es lo que estás haciendo tú-, sino aportar nuestra perspectiva, como personas que hemos vivido y participado en diferentes momentos de lucha, y ayudarles a averiguar cuál es el proyecto más amplio, humano y políticamente eficaz por el que luchar, en lo que probablemente seguirá siendo un conflicto largo y continuo.

Finkelstein: Toda mi visión del mundo ha sido fruto de las experiencias de mis padres durante y antes de la II Guerra Mundial. Mi madre era una estudiante brillante. Estudió matemáticas en la Universidad de Varsovia, lo que no era habitual si eras mujer y eras judía. Una vez le pregunté: «¿Cómo era la facultad?» Se encogió de hombros y contestó: «A los judíos nos obligaban a quedarnos de pie en una esquina del aula. No podíamos sentarnos. Y al terminar, nos atacaban los matones polacos».

Así que soy sensible al sufrimiento. Pero en mis clases soy muy estricto con el principio de libertad académica. A menudo adopto una postura políticamente incorrecta, con el fin de crear el máximo espacio para que todo el mundo pueda expresar su opinión con comodidad. Pero a pesar de eso, intento crear un sentimiento de solidaridad entre los estudiantes, una experiencia colectiva de argumentación de ideas. Creo que hay una manera de transmitir esa solidaridad y atención sin exigir conformidad mental. Estoy de acuerdo en que los jóvenes se esfuerzan por construir una comunidad basada en los cuidados. Creo que hay una manera de hacerlo y dar a la vez rienda suelta a la libertad de expresión, y dejar que la gente venza o persuada o convenza en función del mérito de sus ideas. Se pueden hacer ambas cosas, o al menos yo he intentado hacer ambas cosas como profesor.

Singh: Te agradezco esta reflexión final. Creo que hilvana las cuestiones que nos hemos planteado, que son cómo generamos solidaridad a una escala cada vez mayor para poder triunfar, lo cual, en una sociedad como la nuestra, significa construir una mayoría lo bastante amplia como para forzar concesiones del pequeño número de personas en el poder. Este puede ser el punto de partida para una futura conversación. Gracias.

 

hijo de victimas del Holocausto, es autor de varios libros sobre el conflicto palestino-israelí, entre ellos "Method and Madness: The Hidden Story of Israel's Assaults on Gaza" (OR Books, 2014) y "Gaza: An Inquest Into Its Martyrdom" (University of California Press, 2018). Es co-autor, con Mouin Rabbani y Jamie Stern-Weiner, de "How to Resolve the Israel-Palestine Conflict".
es Director del Departamento de Análisis Social y Cultural y profesor de Historia de la Universidad de Nueva York. Especialista en las relaciones entre la historia contemporánea de los EE.UU. y la teoría política, ha publicado varios libros sobre movimientos y figuras de los derechos civiles. Es colaborador de medios como Jacobin, The Nation, The New Staesman, The Intercept o Dissent.
Fuente:
The Guardian, 17 de mayo de 2024
Temática: 
Traducción:
Lucas Antón