Tess McClure
Jim Lobe
15/03/2026
¿Qué pruebas hay de que los Estados Unidos sean los responsables del bombardeo de la escuela de Minab?
Tess McClure
El bombardeo de una escuela primaria en Minab el pasado 28 de febrero causó la muerte de decenas de personas, en su mayoría niñas de entre siete y doce años. Este ataque constituye hasta la fecha la peor matanza masiva de e la guerra de los Estados Unidos e Israel contra Irán, y ha sido calificado por la Unesco como “grave violación” del Derecho internacional.
El sábado, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, declaró que Irán era responsable del bombardeo de la escuela. “En mi opinión, basándome en lo que he visto, eso lo hizo Irán… son muy imprecisos, como saben, con sus municiones. No tienen precisión alguna. Lo hizo Irán”.
El presidente no presentó ninguna prueba que respaldara su afirmación. Su afirmación no la han repetido los portavoces del ejército norteamericano, que se han limitado a decir que están “investigando” el bombardeo.
Pero cada vez hay más pruebas que indican que el ataque contra la escuela primaria Shajareh Tayyebeh lo llevaron a cabo los Estados Unidos. Esto es lo que sabemos, y por qué razones apunta a que los Estados Unidos son los responsables.
Ubicación de la escuela
La escuela Shajareh Tayyebeh se encontraba junto a un conjunto de edificios que conforman los cuarteles navales y las instalaciones auxiliares locales del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI). Esta publicación (The Guardian) cotejó vídeos verificados del lugar del bombardeo con imágenes de satélite para confirmar la ubicación de la escuela primaria.
Las imágenes de satelite más antiguas muestran que, si bien el edificio de la escuela formó parte en su día de un complejo más amplio del CGRI, lleva al menos nueve años separado de los cuarteles por un muro. Durante años, ha habido indicios visuales claros de que se trata de un centro educativo, como murales de colores en las paredes y pequeños campos de juego, ambos visibles en algunas imágenes de satélite.
No hay indicios de que la escuela fuera un edificio de uso militar en el momento del ataque. Su ubicación, sin embargo, ofrece una razón plausible por la que los Estados Unidos o Israel pudieran haber seleccionado objetivos en esa zona.
Vídeos de los momentos inmediatamente posteriores
Varios vídeos de la escuela bombardeada, que han sido verificados por The Guardian, se compartieron en las redes sociales iraníes inmediatamente después de la explosión. Al menos cuatro de ellos muestran claramente el mismo lugar desde diferentes ángulos y perspectivas, con elementos comunes como los característicos y coloridos murales de la escuela.
Uno de esos vídeos muestra los escombros de la escuela destruida y realiza una panorámica para mostrar el espeso humo que se eleva por encima de la valla, proveniente de la dirección de la base del CGRI. El vídeo fue uno de los primeros indicios de que la bomba que alcanzó la escuela formaba parte de una serie de ataques que también tenían como objetivo el complejo del CGRI situado junto a ella.
Imágenes por satélite de los ataques
El 4 de marzo se publicaron las primeras imágenes por satélite que mostraban las secuelas de los ataques. En ellas se aprecia el edificio escolar destruido y otros cuatro edificios destruidos en sus inmediaciones, todos ellos dentro del recinto del complejo del CGRI.
El vídeo del Tomahawk
El 8 de marzo, Mehr, la agencia de noticias estatal de Irán, publicó un vídeo en el que se veía cómo un misil impactaba en un lugar de Minab. El colectivo de investigación Bellingcat geolocalizó el vídeo. La geolocalización consiste en el proceso de cruzar los elementos físicos que aparecen en una imagen o un vídeo (como edificios, vallas publicitarias, señalización o montañas) con imágenes verificadas de un lugar, como imágenes de satélite, para confirmar dónde se grabó.
Bellingcat pudo cotejar edificios, torres de agua, árboles y carreteras del vídeo con imágenes por satélite de la zona de Minab, para determinar desde qué ángulo se filmó y dónde impactó el misil. Se determinó que el misil había impactado en el complejo del CGRI situado junto a la escuela.
El misil que aparece en el vídeo ha sido identificado por expertos en municiones como un misil Tomahawk.
“Teniendo en cuenta las partes beligerantes, eso indica que se trata de un ataque norteamericano, ya que no se sabe que Israel posea misiles Tomahawk”, ha afirmado NR Jenzen-Jones, director de Armament Research Services, una consultora de inteligencia que ofrece análisis de municiones a gobiernos y ONGs. Los Estados Unidos son el único país implicado en la guerra de Irán que cuenta con esta arma.
Añadió: “A pesar de las diversas afirmaciones que circulan por Internet, está claro que la munición en cuestión no se trata deun misil Soumar iraní: el Soumar tiene un motor externo característico situado hacia la parte trasera, en la parte inferior de la munición”.
Fragmentos de misil que, según varias informaciones, proceden del lugar de los hechos
El 10 de marzo, los medios de comunicación estatales de Irán publicaron fotografías de lo que, según afirmaban, eran restos de misiles del bombardeo de la escuela. Las fotos muestran los fragmentos de la bomba expuestos en el recinto de la escuela, aunque The Guardian no puede verificar de forma independiente que se hayan sido extraído de ese lugar.
En los fragmentos aún se pueden ver algunas marcas, entre ellas el logotipo del fabricante de motores Globe Motors, con sede en Ohio, que es uno de los principales contratistas de defensa de EE. UU., y del fabricante de armas Ball Aerospace and Technologies. Las palabras “Made in the USA” son claramente legibles. Según un análisis del New York Times, los números de serie y otras marcas visibles en los restos coinciden con la forma en que el Departamento de Defensa y sus proveedores etiquetan las municiones. Trevor Ball, experto en municiones, identificó los fragmentos como restos de un misil Tomahawk norteamericano.
Dónde actuaron los EE. UU. durante los ataques
Aunque los EE. UU. no han admitido explícitamente haber atacado la escuela ni los cuarteles adyacentes del CGRI, sí han afirmado que llevaron a cabo ataques en la zona. En una rueda de prensa celebrada en el Pentágono el 4 de marzo y dirigida por Pete Hegseth, el ejército estadounidense mostró un gráfico en el que se indicaban los lugares donde los EE. UU. e Israel habían llevado a cabo ataques durante la Operación “Epic Fury”.
Aunque Minab no aparece etiquetada en ese mapa, uno de los puntos marcados como ubicación de un ataque estadounidense/israelí se corresponde con el lugar donde se encuentra Minab. El gráfico también señala dónde tuvieron lugar los “ataques iraníes” según el ejército norteamericano; ninguno de ellos está marcado en la zona de Minab.
El mapa se ve respaldado por sesiones informativas más amplias de los servicios de inteligencia norteamericanos e israelíes, en las que los funcionarios han afirmado que los Estados Unidos centraron sus ataques iniciales a lo largo de la costa sur de Irán (donde se encuentra Minab), mientras que Israel centró sus ataques en el oeste del país.
Desmentidas las imágenes ampliamente difundidas de un “disparo fallido”
Poco después del bombardeo, varias cuentas de redes sociales difundieron afirmaciones similares a las del presidente: que la escuela había resultado alcanzada por un misil iraní que había errado el blanco. Sin embargo, las fotografías del disparo errado que esas cuentas presentan como prueba se tomaron a unos 1.600 km de Minab, en la ciudad de Zanjan, situada en el norte del país, donde el clima es mucho más frío.
El fondo de la supuesta foto del “disparo fallido” muestra montañas cubiertas de nieve, pero Minab se encuentra en la costa sur de Irán, mucho más cálida; las imágenes de satélite no muestran montañas nevadas en sus alrededores. En primer plano de la imagen del disparo errado se ven carteles de una clínica dental; los expertos también han geolocalizado ese edificio de oficinas en Zanjan. El presidente no ha hecho referencia directa a la imagen difundida y no ha aportado más pruebas de un disparo fallido.
Fuente: The Guardian, 10 de marzo de 2026
¿Cometió la Marina de los Estados Unidos un crimen de guerra tras hundir un buque iraní?
Jim Lobe
Es esta una pregunta sin respuesta que sigue pendiente tras el anuncio, el miércoles por la mañana, de que un submarino de la Marina de los Estados Unidos, aún sin identificar, torpedeó una fragata iraní que se encontraba lejos de su puerto base y que acababa de participar en unas maniobras multinacionales organizadas por la India.
El “secretario de Guerra”, Pete Hegseth, se mostró exultante y subrayó su importancia histórica:
“Ayer, en el océano Índico, y lo mostraremos en la pantalla”, declaró, “un submarino norteamericano hundió un buque de guerra iraní que creía estar a salvo en aguas internacionales. Por el contrario, fue hundido por un torpedo, una muerte silenciosa. El primer hundimiento de un barco enemigo con un torpedo desde la Segunda Guerra Mundial”.
De hecho, el ataque resultó letal. De una tripulación de 180 marineros, solo 32 fueron rescatados por la Armada de Sri Lanka, que también recuperó los cadáveres de otros 87. Los srilankeses habían recibido una llamada de socorro del buque iraní, el IRIS Dena, aparentemente poco después de que se viera alcanzado por el torpedo.
La fragata se encontraba a más de 3.000 kilómetros de la campaña norteamericana-israelí en curso contra Irán cuando fue alcanzada y acababa de participar en las maniobras navales multinacionales Milan 2026 de la India, en las que también estaba representada la Armada de los Estados Unidos.
El artículo 18 del Segundo Convenio de Ginebra para el mejoramiento de la suerte de los heridos, enfermos y náufragos de las fuerzas armadas en el mar, adoptado en 1949 y ratificado por el Senado de los Estados Unidos en 1955, establece lo siguiente:
“Después de cada combate, las Partes en conflicto tomarán sin demora todas las medidas posibles para buscar y recoger a los náufragos, heridos y enfermos, protegerlos contra el pillaje y los malos tratos, garantizarles una atención adecuada, buscar a los muertos e impedir que sean despojados”.
Si bien esta disposición del Derecho internacional humanitario, cuya violación constituye un crimen de guerra, se aplica tanto a los submarinos como a los buques de superficie, existen excepciones limitadas a esta obligación, especialmente relevantes para los submarinos.
Por ejemplo, el espacio relativamente limitado de un submarino podría hacer imposible acomodar a todos los supervivientes a bordo. Tampoco se l le exige a un submarino que tome medidas que comprometan su seguridad, como salir a la superficie dentro del alcance de las fuerzas enemigas.
Sin embargo, en este caso, el objetivo del torpedo del submarino se hundió relativamente rápido y es posible que ni siquiera estuviera armado para el combate (en parte porque regresaba de lo que era esencialmente una misión diplomática). Además, no se informó de la presencia de ningún otro barco o avión de combate iraní u hostil en las proximidades del ataque.
Aun suponiendo, a efectos de argumentación, que el submarino norteamericano se encontrase dentro de estas excepciones, seguía teniendo la obligación de hacer todo lo posible para ayudar a rescatar a los supervivientes, aunque sólo fuera para alertar a otros barcos de la zona y/o a las autoridades costeras, como la Armada de Sri Lanka, de la ubicación del buque objetivo para que pudieran prestar asistencia.
Pero hasta ahora no hay pruebas de que hicieran tal cosa ni el submarino, la Armada de los Estados Unidos o el Mando Central de los Estados Unidos (CENTCOM). Las autoridades de Sri Lanka indicaron el miércoles que se enteraron del incidente por la llamada de socorro que recibieron del propio buque. Ni siquiera supieron que se tratara de un buque iraní hasta que rescataron y se comunicaron con los supervivientes; la nave ya se había hundido para cuando llegaron al lugar.
Esta publicación [Responsible Statecraft] envió una solicitud de comentarios al CENTCOM en relación con el cumplimiento del artículo 18. Hasta el jueves por la tarde [5 de marzo] no había recibido respuesta.
Puede resultar instructivo situar la cuestión en una perspectiva histórica.
En los primeros años de la Segunda Guerra Mundial, los temidos submarinos alemanes solían salir a la superficie para ayudar a los supervivientes de las embarcaciones torpedeados, proporcionándoles comida, agua, atención médica, botes salvavidas e indicaciones para llegar a la masa continental más cercana.
Sin embargo, esa práctica terminó a mediados de septiembre de 1942, cuando un submarino alemán hundió el Laconia, un buque de transporte de tropas británico con unas 2.700 personas a bordo, entre ellas 1.500 prisioneros de guerra italianos, en el Atlántico Sur. Sin embargo, cuando otros barcos del Eje se acercaron para ayudar en las labores de rescate, el submarino se vio atacado por un bombardero de la Fuerza Aérea del Ejército de los Estados Unidos, lo que causó la muerte de decenas de supervivientes y obligó al submarino a sumergirse. Varios días después, el comandante general de los submarinos alemanes, el almirante Karl Doenitz, emitió la llamada “Orden Laconia”, que prohibía futuros intentos de rescate.
La guerra submarina sin restricciones que vino a continuación —y que más tarde llevó a Doenitz al banquillo de los acusados en los juicios de Nuremberg— contribuyó a sentar las bases para la redacción del artículo 18 del Segundo Convenio de Ginebra.
Cuando el secretario Hegspeth afirmó durante su triunfante rueda de prensa del miércoles: “Nuestras reglas para entablar combate son audaces, precisas y están diseñadas para dar rienda suelta a la potencia norteamericana, no para coartarla”, ¿es esto lo que tenía en mente?
“No puedo valorar si los Estados Unidos tomaron “todas las medidas posibles” para buscar y rescatar a los náufragos sin tener una idea más clara de lo que era posible en esta situación”, es lo que ha escrito Brian Finucane, asesor sénior especializado en asuntos militares del Programa de los Estados Unidos del International Crisis Group, en un correo electrónico enviado a Responsible Statecraft. “Pero sin duda creo que las fuerzas armadas norteamericanas deben dar explicaciones, sobre todo si no se realizó ningún intento de búsqueda y rescate”.
Fuente: Responsible Statecraft, 6 de marzo de 202

