Luis Carlos Battista
et alii
04/11/2017
Luis Carlos Battista entrevista a una serie de destacados especialistas en las relaciones diplomáticas entre EE UU y Cuba y la gestión de la primera crisis diplomática de la era Trump. Las entrevistas aparecieron por separado en Cuba Posible.
Richard Feinberg y Harold Trinkunas: “La hostilidad hacia Cuba perjudica a los intereses de Estados Unidos”
Brindamos la visión de los reconocidos especialistas y miembros de Brookings Institution Richard Feinberg y Harold Trinkunas. Para estos investigadores, la política exterior de la actual Administración norteamericana ha tomado como excusa los ataques sufridos por el personal diplomático norteamericano para paralizar la agenda de acercamiento y diálogo alcanzada durante la Administración Obama. Además, para ellos estas “malas acciones de la Administración Trump hacia Cuba forman parte de un patrón más amplio de falta de respeto de esta Casa Blanca a la diplomacia estadounidense”. Richard Feinberg sirvió como Asistente Especial del presidente Clinton en Asuntos de Seguridad Nacional y fue Director Senior de la Oficina de Asuntos Interamericanos del Consejo de Seguridad Nacional. Harold Trinkunas, por su parte, sirvió como Profesor Asociado y jefe del Departamento de Asuntos de Seguridad Nacional en la Escuela Naval de Posgrados en Monterey, California.
¿Cuál es su análisis sobre las condiciones en las que el gobierno de Estados Unidos ha tomado estas medidas? ¿Está Ud. de acuerdo con ellas?
En una escalada de hostilidades hacia Cuba que está desmantelando rápidamente la distensión de la era de Obama, el gobierno de Trump el martes 2 de octubre ha expulsado 15 diplomáticos cubanos. La Administración también ha retirado bruscamente al personal de la Embajada de Estados Unidos en La Habana. La Administración argumenta que el gobierno cubano no ha brindado seguridad a los diplomáticos estadounidenses, 22 de los cuales fueron víctimas de una misteriosa erupción de enfermedades, aun cuando las causas precisas y los perpetradores aún no se han identificado. El gobierno de Estados Unidos no acusa al gobierno cubano de las enfermedades inexplicadas.
Una advertencia de viajes del Departamento de Estado precedió a las expulsiones diplomáticas, advirtiendo a los estadounidenses de no ir a Cuba, aunque ningún visitante ha sido afectado por estas enfermedades. Esta medida extraordinaria socavará la fuente de ganancias en divisas más rápida de la Isla. Muchos de nuestros diplomáticos profesionales, tanto los estacionados en La Habana como en el Departamento de Estado, se oponen a la dramática reducción de las misiones de Estados Unidos y Cuba. Si bien todos están preocupados por la seguridad del personal estadounidense, los incidentes de salud parecen estar en fuerte declive. Los diplomáticos estadounidenses en La Habana están orgullosos de los avances de los intereses estadounidenses en Cuba y desean seguir protegiéndolos y promoviéndolos.
Estas medidas punitivas son mucho más que proteger a los ciudadanos estadounidenses. Por el contrario, esta Casa Blanca y sus aliados pro-embargo en el Congreso han aprovechado oportunistamente estas misteriosas enfermedades que afectan a los diplomáticos estadounidenses para revocar las políticas pro-normalización de una Administración anterior, usando obstrucción burocrática y lenguaje imprudente cuando no pueden defender el cambio de política sólo por el mérito.
¿Cuáles podrían ser las consecuencias de estos hechos para el estado actual de las relaciones entre los distintos actores no estatales de ambos países?
Estas medidas dañan a los cubanoamericanos y a sus familias al impedir los viajes y el flujo de fondos asociados a sus visitas, así como a los de otros visitantes estadounidenses, que han permitido que el sector privado cubano se fortalezca. También daña las relaciones de Estados Unidos con nuestros socios de la región, quienes han criticado durante mucho tiempo lo que consideran una hostilidad sin sentido entre Estados Unidos y Cuba. Y finalmente, el enfoque de la Administración Trump sirve para ampliar la puerta a los adversarios geopolíticos estadounidenses, como Rusia y Venezuela, para promover sus intereses en Cuba y en la región.
Al tomar estas precipitadas acciones, esta Casa Blanca está haciendo exactamente lo que nuestros adversarios en la región tratan de provocar. La franca hostilidad de Estados Unidos fortalece a los radicales anti-americanos en el régimen cubano, opuestos a las relaciones bilaterales más fuertes entre los dos países. Además, los viajes estadounidenses a Cuba benefician a los sectores privados del sector turístico cubano y fortalecen a la clase media cubana emergente. La reducción de los viajes perjudicará a estos segmentos progresistas de la sociedad cubana.
¿Cree usted que existe la voluntad política de ambos gobiernos para superar este obstáculo, o es el comienzo del deterioro (de nuevo) de la relación bilateral?
Podría haber habido una oportunidad para la diplomacia creativa en esta última crisis. El gobierno cubano ha colaborado excepcionalmente con Estados Unidos en la investigación de estos incidentes con diplomáticos estadounidenses. Cuba ha permitido al FBI operar de manera independiente en Cuba por primera vez en más de 50 años, una señal de la importancia que el presidente Raúl Castro asigna a mejorar las relaciones con Estados Unidos. Pero esta Casa Blanca parece obligada y decidida a continuar por el camino de obstrucción, a pesar de los costos. La hostilidad estadounidense corre el riesgo de dañar la próxima transición hacia un nuevo gobierno cubano después de que el presidente Raúl Castro dejase el poder a principios de 2018, al fortalecer la mano de los radicales anti-americanos que se oponen a la apertura económica en la Isla.
¿Cómo influiría este conflicto en el nuevo gobierno cubano que asumirá en 2018?
Además, una ruptura de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba permite a Rusia, China, Irán y Venezuela profundizar su influencia en Cuba y en la Cuenca del Caribe. Distanciando a Cuba, Estados Unidos está empujando hacia otros actores cuyos intereses no están alineados con los nuestros. Las malas acciones de la Administración Trump hacia Cuba forman parte de un patrón más amplio de falta de respeto de esta Casa Blanca a la diplomacia estadounidense, aparentemente sin una cuidadosa consideración de las consecuencias geopolíticas. Desde atacar el acuerdo para restringir las ambiciones nucleares de Irán, pasando por provocar una Corea del Norte nuclear, hasta atacar el acuerdo comercial del TLCAN con los dos mayores socios comerciales de Estados Unidos: México y Canadá. La Casa Blanca de Trump ha disminuido la influencia estadounidense y la credibilidad en el exterior.
Nuestros socios latinoamericanos dieron la bienvenida al cambio en la política de Estados Unidos hacia Cuba en 2014, como una señal de que la Guerra Fría había terminado finalmente en el Hemisferio Occidental. El retiro de la Administración de su apoyo a la normalización con Cuba alarma a nuestros amigos en las Américas y cuestiona el valor perdurable de los compromisos de Estados Unidos; así como las declaraciones beligerantes contra Irán y Corea del Norte perjudican nuestra credibilidad con nuestros aliados en Europa y Asia. Este patrón de animosidad imprudente hacia la diplomacia tiene un costo para la reputación internacional de Estados Unidos sin ningún beneficio aparente para nuestros intereses en el extranjero.
Nota: Entrevista realizada con permiso de Richard Feinberg a partir de un artículo original publicado en The Hill.
https://cubaposible.com/feinberg-trinkunas-cuba-estados-unidos/
Carlos Alzugaray: “La Administración Trump estaba buscando la excusa para tomar medidas agresivas que redujeran a cero los intercambios diplomáticos”.
Presentamos las respuestas del embajador y doctor Carlos Alzugaray Treto. El profesor Alzugaray, de amplia carrera, ha ocupado distintas responsabilidades en nuestro Ministerio de Relaciones Exteriores; ha sido Jefe de Misión en Bélgica y Luxemburgo y Representante de Cuba ante la Unión Europea. También fue Vicerrector del Instituto Superior de Relaciones Internacionales (ISRI). En esta ocasión, el embajador Alzugaray opina que al parecer “la Administración Trump estaba buscando la excusa para tomar medidas agresivas que redujeran a casi cero los intercambios diplomáticos”. Además el profesor afirma “que en muchos aspectos estamos en la situación previa a 1977, en que ni siquiera había Secciones de Intereses ocupándose de temas consulares y de trámites.”
¿Cuál es su análisis sobre las condiciones en las que el gobierno de Estados Unidos ha tomado estas medidas? ¿Está Ud. de acuerdo con ellas?
Evidentemente, se trata de la utilización de un oscuro pretexto, aún no aclarado, para llevar adelante lo que el Presidente Trump, a instancias de Marco Rubio, anunció el 16 de junio: cancelar los acuerdos alcanzados entre Raúl Castro y Barack Obama. Aunque no se han roto las relaciones diplomáticas, ni se ha expulsado al Embajador cubano de Washington (medidas que podrían haber sido consideradas, pero que no se llevaron adelante porque constituyen lo que podríamos llamar “la opción nuclear”) en la situación actual ninguna de las dos embajadas podrá funcionar normalmente. Por supuesto que no estoy de acuerdo con las medidas y me parecen totalmente inaceptables las argumentaciones de la parte norteamericana.
¿Cuáles podrían ser las consecuencias de estos hechos para el estado actual de las relaciones entre los distintos actores no estatales de ambos países?
Las consecuencias son totalmente negativas. Y afectan, en primerísimo lugar, a los ciudadanos cubanos, cubanoamericanos y norteamericanos. Siempre ha sido difícil y complicado hacer cualquier gestión de visa, notarial y de pasaporte entre ambos países debido al bloqueo o sanciones económicas. Ahora se harán más difíciles aún. Llama la atención que el Departamento de Estado expulsó a todos los funcionarios cubanos que trabajan en la Sección Económico-Comercial de la Embajada. La decisión de que los cubanos ahora tenemos que hacer las gestiones de visa en terceros países parece un chiste, sino fuera por la tragedia personal que significa para muchas familias. Los costos de la visa ya son de por sí altos para cualquier cubano. Muy pocos contarían con los medios o las posibilidades para irse a México, República Dominicana o Panamá, por ejemplo, para esperar allí una entrevista. Además, se requeriría la visa de esos países.
¿Cree usted que existe la voluntad política de ambos gobiernos para superar este obstáculo, o es el comienzo del deterioro (de nuevo) de la relación bilateral?
De la actuación de ambos gobiernos en esta crisis queda claro el contraste entre ambos. Mientras el gobierno cubano ha intentado hallar una solución que signifique la protección de los funcionarios norteamericanos, el gobierno norteamericano se ha apresurado a tomar decisiones muy negativas sin que se tenga una información conclusiva sobre lo que pasó y dónde están las causas. El contraste entre la posición de Estados Unidos y la de Canadá, que también anunció que había funcionarios afectados de la misma manera que los norteamericanos, dice mucho de cuál es la voluntad de uno y de otro.
Canadá, que condujo también una investigación exhaustiva con la cooperación de las autoridades, mantiene su Embajada en La Habana con todas sus atribuciones. Incluso, anunció que buscaría fórmulas para ayudar a Cuba después del Huracán Irma. Parecería que la Administración Trump estaba buscando la excusa para tomar medidas agresivas que redujeran a casi cero los intercambios diplomáticos. Creo que a Cuba no le queda otra opción que resistir y, como decimos acá, “capear el temporal”. Pero no puede bajar la guardia. Es lícito suponer que se seguirá buscando excusas para retrotraer las relaciones al pasado. Hoy puede decirse que en muchos aspectos estamos en la situación previa a 1977 en que ni siquiera había Secciones de Intereses ocupándose de temas consulares y de trámites.
¿Cómo influiría este conflicto en el nuevo gobierno cubano que asumirá en 2018?
El nuevo gobierno cubano no tiene muchas opciones, salvo la de mantener la resistencia y, como dije, “capear el temporal”. Quizás este sea el momento para buscar fórmulas que permitan acelerar la reforma económica con vistas a lograr algo que debería ser el norte de su actuación: alcanzar niveles de crecimiento económico que satisfagan las crecientes demandas de la sociedad por un modelo que produzca prosperidad y sustentabilidad con equidad para así hacer inoperante las sanciones económicas unilaterales, extra-territoriales e ilegales de Estados Unidos.
Es difícil predecir cuál será la actitud del gobierno norteamericano. Se percibe que a su interior hay contradicciones en cuanto a cómo relacionarse con Cuba. En los organismos estatales, en el Congreso y en la sociedad hay interés por continuar con el proceso de normalización. Ello conviene a los intereses nacionales de Estados Unidos. Sin embargo, el Presidente parece empeñado en ignorar los consejos de los funcionarios del gobierno y en hacer lo que recomienda Marco Rubio. En esa puja, Marco Rubio se ha anotado varios tantos. No ha ganado totalmente pero estamos al principio del mandato de Trump. Van a ser cuatro largos años.
https://cubaposible.com/carlos-alzugaray-trump-cuba-diplomaticos/
William M. LeoGrande: “La verdadera motivación de estas duras sanciones es la oposición del gobierno Trump a la política del presidente Barack Obama de normalizar las relaciones con Cuba”
¿Cuál es su análisis sobre las condiciones en las que el gobierno de Estados Unidos ha tomado estas medidas? ¿Está Ud. de acuerdo con ellas?
En las últimas dos semanas, las relaciones entre Estados Unidos y Cuba han sufrido un duro golpe. El presidente Donald Trump decidió retirar la mayoría del personal de la embajada de Estados Unidos en La Habana, expulsar a la mayoría de los diplomáticos de la embajada de Cuba en Washington, suspender la emisión de visas para que los cubanos puedan viajar a Estados Unidos, y emitir una alerta de “advertencia de viaje” para desalentar a los residentes en Estados Unidos de visitar Cuba. Todas estas medidas son supuestamente en respuesta a los problemas de salud sufridos por 22 miembros del personal diplomático y sus familiares desde el pasado mes de noviembre. El gobierno de Estados Unidos no ha acusado a Cuba de la responsabilidad por las lesiones debido a que la identidad del atacante -si es que las lesiones son el resultado de ataques intencionales-, sigue siendo desconocida. La excusa utilizada para justificar las sanciones de Estados Unidos es la falta de Cuba para proteger a los miembros de la misión de Estados Unidos, a pesar del hecho de que Cuba ha cooperado con la investigación de Estados Unidos, incluyendo el permitir que el FBI opere e investigue en Cuba.
La verdadera motivación para estas duras sanciones es la oposición del gobierno Trump a la política del presidente Barack Obama de normalizar las relaciones con Cuba, una política que Trump dijo que estaba “cancelando” en un discurso para animar a exiliados cubanos en Miami, en el mes de junio pasado.
¿Cuáles podrían ser las consecuencias de estos hechos para el estado actual de las relaciones entre los distintos actores no estatales de ambos países?
El daño causado por estas sanciones a las relaciones entre los dos gobiernos es obvio, pero los ciudadanos comunes, tanto en Cuba y los Estados Unidos, sufrirán también. La decisión de retirar a los diplomáticos estadounidenses de La Habana y de suspender el trámite de visas para los cubanos que buscan ingresar a Estados Unidos, tendrá un efecto inmediato en los cubanos que esperan emigrar a Estados Unidos o, simplemente, buscan visitar a sus familiares. La expulsión recíproca de diplomáticos cubanos de Washington significa que los cubano-estadounidenses tendrán más dificultades para visitar a sus familias en la Isla, porque la sección consular de la embajada de Cuba no tendrá suficiente personal. Debido a la suspensión en la tramitación de visados en La Habana, la Administración Trump también hará que sea extremadamente difícil continuar con los programas de intercambio educativo y cultural que han florecido en los últimos años en beneficio de ambos países.
La expulsión de toda la sección comercial de la Embajada de Cuba en Washington es un claro intento de evitar que continúe el desarrollo de las relaciones comerciales entre Cuba y la comunidad empresarial estadounidense. Desde el 17 de diciembre de 2014 varias docenas de empresas de Estados Unidos han firmado acuerdos comerciales con Cuba, y la comunidad de negocios de Estados Unidos ha sido una de las voces políticas más importantes en favor de la normalización de las relaciones. La “línea dura” en Washington, que quiere revertir la política de compromiso con Cuba del presidente Obama, tienen un interés especial en silenciar a la comunidad comercial cortando el acceso al mercado cubano.
La “advertencia de viaje” recomendando a los residentes estadounidenses que no viajen a Cuba disuadirá a algunos visitantes de Estados Unidos de ir a la Isla. Desde 2014, el número de visitantes no cubanoamericanos ha crecido de manera espectacular, aumentando en un 77 por ciento en 2015 y otro 74 por ciento en 2016. El aumento de los viajes ha apoyado el desarrollo del sector privado cubano, especialmente restaurantes privados y casas de huéspedes particulares. La reducción del número de viajeros de Estados Unidos va a causar un daño directo a los empresarios y a todos los otros cubanos conectados a los miembros de las empresas familiares, proveedores y empleados.
¿Cree usted que existe la voluntad política de ambos gobiernos para superar este obstáculo, o es el comienzo del deterioro (de nuevo) de la relación bilateral?
El presidente Trump llegó al poder después de haber criticado, durante su campaña, la política de normalizar las relaciones con Cuba del presidente Obama, y prometió a los conservadores cubanoamericanos en la Florida que iba a revertirla. Sin embargo, durante la revisión de la política de la nueva Administración, descubrieron un amplio apoyo para las relaciones. El pueblo estadounidense, incluyendo la mayoría de los cubanoamericanos, apoyó el acercamiento. La comunidad empresarial también lo apoyó, al igual que los aliados de Estados Unidos. La propia burocracia gubernamental apoyó la política de Obama porque fue muy exitosa en los dos años posteriores a 2014. La oposición para revertir la política de Obama fue lo suficientemente fuerte como para forzar un debate dentro de la Administración Trump acerca de qué hacer. El resultado fue un compromiso. El 16 de junio de 2017, Trump pronunció un discurso muy duro en Miami, lleno de retórica de Guerra Fría, pero las sanciones económicas reales que anunció fueron muy limitadas.
Los problemas de salud experimentados por diplomáticos estadounidenses han creado una oportunidad para los oponentes del acercamiento (como es el caso del senador Marco Rubio), para volver a abrir el debate sobre la política hacia Cuba e imponer nuevas sanciones con el pretexto de que están destinados a proteger a diplomáticos de Estados Unidos. Desafortunadamente, no será fácil de revertir el daño hecho a las relaciones bilaterales después de que el problema de salud se resuelva. La Administración Trump no tiene intención de mejorar las relaciones con Cuba; la única pregunta, desde el principio, ha sido cuánto de la política de Obama sería revertida.
¿Cómo influiría este conflicto en el nuevo gobierno cubano que asumirá en 2018?
Ahora parece que el nuevo presidente de Cuba enfrentará una relación con Estados Unidos que está tensa y estancada. El avance sobre cuestiones de interés mutuo se estancó como consecuencia de la negativa de Washington de enviar delegaciones a La Habana para continuar las discusiones iniciadas por Obama. Los intercambios de persona a persona (people to people) se verán gravemente afectados por las restricciones de viaje causadas por la dificultad de obtener visados. Las relaciones comerciales se estancarán como resultado de la dificultad en las comunicaciones y las nuevas regulaciones adoptadas por Trump en junio. El nuevo Presidente de Cuba no podrá contar con los beneficios económicos de incrementar el comercio y el turismo que las buenas relaciones con Estados Unidos proporcionarían. Esto significa que Cuba tendrá que proceder a la “actualización” de la economía en circunstancias menos favorables de las que habría podido afrontar si las relaciones se hubieran mantenido positivas. Pero Cuba tiene medio siglo de experiencia sobreviviendo a la hostilidad estadounidense.
Michael J. Bustamante: “Me cuesta trabajo entender la expulsión de los diplomáticos cubanos”
Michael J. Bustamante es un joven historiador, investigador y distinguido comentarista sobre temas cubanos y cubanoamericanos, incluyendo las relaciones bilaterales entre Estados Unidos y Cuba. Para Bustamante, la actual situación de las relaciones entre ambos países busca frenar, aún más, el interés en Cuba como destino de viaje en Estados Unidos. No obstante, afirma que a la Administración Trump le costará trabajo tener a Cuba como una prioridad política, dado que otras decisiones polémicas requieren de la atención de la Casa Blanca.
¿Cuál es su análisis sobre las condiciones en las que el gobierno de Estados Unidos ha tomado estas medidas? ¿Está Ud. de acuerdo con ellas?
Es difícil aventurar un análisis, ya que ni los detalles de lo ocurrido son claros, ni las pruebas existentes (e.g. historias médicas de los afectados) son asequibles al público. Sólo tenemos testimonios anónimos, filtrados a medios de prensa, y a cuentagotas, como para prolongar el drama. Además, desde el jueves tenemos una grabación filtrada a la Associated Press (AP), que supuestamente capta el peligroso sonido que uno de los diplomáticos norteamericanos escuchó.
Pero vamos a suponer que sí, que varios oficiales de la embajada norteamericana fueron blanco de “ataques de sonido”, por más que parezca sacada de una mala película de ciencia ficción. En ese contexto, yo creo que el gobierno norteamericano tendría razón en retirar, o reducir, su personal diplomático como una medida de seguridad, hasta que se aclarara la situación y se eliminara la fuente (o las fuentes) de los “ataques”.
Sin embargo, me cuesta trabajo entender la expulsión de los diplomáticos cubanos como una medida “complementaria,” a no ser que se haya probado que Cuba fue culpable, o cómplice, en lo que ocurrió. Si bien es cierto que Cuba comparte la responsabilidad de proteger a los diplomáticos acreditados en el país, uno fácilmente podría mencionar otros momentos en que diplomáticos norteamericanos han sido amenazados, o incluso asesinados, y sin embargo al país huésped no se le pidió reducir su personal diplomático en Washington, D.C., por no haber ofrecido suficiente “protección.” (Pienso en el ataque terrorista al consulado norteamericano en Benghazi, Lybia, en 2012, en el que falleció el entonces embajador norteamericano; o los bombardeos a las embajadas de Estados Unidos en Nairobi, Kenya y en Dar-Es-Salaam, Tanzania, ambos en 1998).
También llama la atención quiénes fueron expulsados de la embajada cubana: toda la sección de negocios, que fungía como el punto de contacto para la comunidad empresarial norteamericana, así como casi todo el personal del consulado. Sabemos que algunos actores contrarios a la normalización de relaciones entre Cuba y Estados Unidos también están en contra de la normalización de las relaciones entre los cubanos —o, al menos, a la naturaleza de esa normalización en los últimos años. Para esas personas, el creciente flujo transnacional de personas, bienes, y dinero a través del Estrecho de la Florida ha sido nada más que “un sustento del régimen.” Para ese sector, también, la eliminación de la política “Pies Secos/Pies Mojados” en enero —por más que la criticaron en su momento, por ser una medida de Obama— en realidad les venía como anillo al dedo, en cuanto era uno de los grandes “lubricantes” del motor transnacional, junto con la reforma migratoria cubana de 2013.
Es posible, entonces, que la decisión sobre “a quién” expulsar de la embajada cubana responda no tanto a cuestiones de “complementariedad”, como a un esfuerzo de aprovechar un contexto para lograr un fin determinado: obstaculizar los vínculos transnacionales, que dependen de los pasaportes y prórrogas otorgados —ya con retrasos considerables, y a precios altos— por el consulado cubano en Washington, D.C. Yo, al menos, veo la mano de personas influyentes con esta Administración, como Marco Rubio, en esa decisión. No lo puedo confirmar. Pero es mi intuición.
¿Cuáles podrían ser las consecuencias de estos hechos para el estado actual de las relaciones entre los distintos actores no estatales de ambos países?
No habrá nada sorprendente en mi respuesta. Los primeros en ser afectados por estas medidas son los cubanos con familia fuera del país o que viven fuera de ella —desde una prima mía que lleva años esperando una visa de reunificación para ir a vivir con su padre en Miami, hasta el amigo que está esperando la prórroga de su pasaporte cubano en Estados Unidos para visitar a sus padres. Es decir, la casi total paralización de las operaciones consulares en La Habana, y los retrasos que se pueden esperar en las operaciones consulares del consulado cubano en Washington, van a afectar —de hecho, ya han afectado— la posibilidad que pueda tener el cubano de viajar entre ambas orillas, ya sea en calidad de emigrante, visitante, o repatriado.
Una nota importante: El Departamento de Estado acaba de indicar que el programa de reunificación familiar continuará, aunque aparentemente a través de la embajada estadounidense en Bogotá. Sí, en Bogotá. Teniendo en cuenta que los cubanos necesitan visa para entrar a Colombia, y que los costos de ese viaje serían considerables, para nada es una opción factible para la mayoría. Tampoco resuelve el problema de las visas “temporales”. Si el cierre del consulado norteamericano en La Habana va para largo, todos los programas de intercambio en Estados Unidos que han florecido en estos últimos años —culturales, académicos, etc. —paulatinamente se detendrán.
Al mismo tiempo, el sector cuentapropista sufrirá otro golpe, sumado al anuncio de Trump en junio (cuyas medidas, en realidad, todavía no se han implementado), la paralización temporal de licencias en agosto, y el paso del huracán Irma en septiembre. Un aviso emitido por el Departamento de Estado recomienda que los ciudadanos norteamericanos no vayan a Cuba. Es una respuesta aparentemente obligatoria cada vez que Estados Unidos retira su personal diplomático de un país, aunque no deja de ser excesivo, tomando en cuenta que, salvo un “puñado” de casos reportados por CBS News (y que no han sido confirmados), ningún turista normal ha presentado síntomas de cualquier “ataque”.
El efecto de este pronunciamiento será frenar, aún más, el interés en Cuba como destino de viaje en Estados Unidos. Desde que se anunció, varios dueños de casas particulares de arrendamiento han reportado cancelaciones en las reservas. Cuando Trump finalmente implemente su prohibición de los viajes individuales “persona a persona” (anunciada en junio), el freno será mayor, con todo el efecto multiplicador (restaurantes, taxistas, hoteles, etc.) que eso implica.
¿Cree usted que existe la voluntad política de ambos gobiernos para superar este obstáculo, o es el comienzo del deterioro (de nuevo) de la relación bilateral?
Francamente, soy pesimista—al menos mientras Trump permanezca en la Casa Blanca. Es notable que el gobierno cubano haya tomado algunos pasos importantes de buena voluntad, como permitir al FBI realizar investigaciones en el terreno —algo inédito. Por su lado, el Departamento de Estado insiste que la investigación sigue abierta. Otra señal de esperanza podría ser el hecho de que ambos gobiernos mantuvieron el conflicto “detrás del telón” hasta agosto, cuando alguien (del lado norteamericano) lo filtró a los medios. Yo me pregunto: si la Casa Blanca ya estaba al tanto de los “ataques de sonido”, ¿por qué no los usó como otro pretexto para el anuncio de su nueva política hacia Cuba en junio? Tal vez sea evidencia de que hay reservas de prudencia que puedan ayudar a solucionar la crisis actual.
Sin embargo, en realidad yo creo que a la Administración Trump le costará trabajo, o mejor dicho, le faltará interés en, sortear este escollo, tan metido como está en otras decisiones polémicas, y tan desinteresado como está en ofrecer visas a cualquier extranjero. (Muchos “trumpistas” estarían perfectamente contentos con cerrar todos los consulados norteamericanos alrededor del mundo de manera permanente).
También, como insinué arriba, la influencia de los congresistas cubanoamericanos en esta Administración—Rubio en particular—es fuerte; a Rubio prácticamente Trump le ha encomendado el diseño de su política hacia América Latina. No creo que vayamos a regresar a todas las dinámicas de la Administración Bush, necesariamente. Pero con una Casa Blanca que se inclina a adoptar actitudes contraproducentes e irresponsables en muchas esferas de la política exterior, no hay razón para esperar que las relaciones con Cuba sean un área en que la lógica y la mesura terminen prevaleciendo. Espero que me equivoque.
¿Cómo influiría este conflicto en el nuevo gobierno cubano que asumirá en 2018?
Lo ideal sería que no influyera. Diferendo con Estados Unidos o no, Cuba tiene suficientes desafíos internos que el gobierno tendrá que enfrentar: en lo económico, en lo político, en lo social. (También es el caso en Estados Unidos, sabe Dios). Una mejor relación con Estados Unidos, obviamente, mejora las condiciones para que esos procesos internos puedan seguir avanzando, así como las posibilidades de que tengan resultados positivos, especialmente en el terreno económico. Pero las difíciles y controvertidas reformas estructurales que siguen siendo necesarias en Cuba no dependen de la relación con Estados Unidos, exclusivamente. Vincular lo uno con lo otro, o condicionar el primero al éxito completo del segundo, sería reproducir una lógica francamente “de dependencia”.
Pero sí creo que hay un riesgo de que, bajo el efecto negativo de la llamada “guerra de los decibeles,” salga otra vez a relucir la preferencia por “volver a las trincheras.” Luchar para que haya una plena normalización de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos sigue siendo necesario; esa relación “normal” sería claramente un activo importante para el futuro del país. Sin embargo, temo que una creciente ola de tensiones con Estados Unidos termine “quitando todo el oxígeno de la sala” (para traducir una expresión del inglés), cuando gran parte de ese “oxígeno” debería ser reservada para “hacer respirar” (o sea, continuar y profundizar) el diálogo entre la sociedad cubana y su gobierno.
https://cubaposible.com/michael-j-bustamante-expulsion-diplomaticos-cubanos/

