Euskal Herria: Los museos nacionales pendientes

Ramón Zallo

05/11/2022

Decidir sobre los museos nacionales necesarios debería partir de sus contenidos, sentido, concepto e impacto comunitario en una sociedad dada, para luego, à posteriori, concretarlo en continentes, conveniencias, lugares e impacto económico. En la Comunidad Autónoma Vasca tenemos la mala costumbre de hacerlo al revés, con lo que las controversias no se dan sobre la necesidad, sino sobre la oportunidad o externalidades de los equipamientos. También se ha hecho costumbre la ausencia de participación en los proyectos colectivos.

Lo que está en la agenda pública son solo dos ampliaciones: la discontínua del Guggenheim en Urdaibai y la reconversión del Museo de la Paz de Gernika- Gernikako Bakearen Museoa en un -aún secreto- museo de la Memoria. Que estos no sean los museos necesarios no implica forzosamente estar en contra de ellos, pero sí invita, en todo caso, a ponerles severas condiciones para que – en caso de materializarse por empecinamiento institucional- sean de utilidad contrastada. Volveré sobre ello en otra ocasión.

¿Cuáles serían -a mi juicio- los museos nacionales pendientes?: un museo de la historia y de la sociedad vasca y un museo de la industria y de la tecnología.

Museo de la Historia y de la Sociedad Vasca- Euskal Hiria Zentroa

Somos generosos en museos etnográficos (orígenes, cultura, objetos, modos de vida pasados, costumbres, oficios…) con grandes y pequeños museos por todo el territorio. Un gran activo. Pero, como país, carecemos de un museo nacional interpretativo del global de nuestra historia en la dialéctica entre comunidad, lengua, sociedad, conflictos, poder e institucionalidad que nos permita, a escala colectiva, fijar la representación, al menos de mínimos, sobre qué y quienes somos con el máximo de anclajes científicos.

Un proyecto así se ensayó instituir en la etapa del Gobierno Ibarretxe. Se habría llevado a debate público –estaba definido y presupuestado- si el modo en que se produjeron las siguientes elecciones (2009) no hubiera aupado a Patxi López cuyo Gobierno tuvo otras prioridades. Ya nunca se retomó. Como modelo – fui el redactor- era, por simplificar, un híbrido entre el Museo de la Civilización de Quebec y el Museo de la Historia de Catalunya. Sus ubicaciones itineraron entre Donostia (Odón Elorza lo cortocircuitó), el Casco Viejo de Bilbao ampliando el entonces Museo Etnográfico y actual Euskal Museoa (la iglesia no cedió el espacio de Santos Juanes y a la sazón el espacio de Zara era impensable de liberar) y Zorrotzaurre. El proyecto sigue en el cajón institucional de los olvidos…y en mi ordenador.

También Gernika fue candidata. Y ahora que se plantea trascender el Museo de la Paz de Gernika para convertirlo en un museo de la Memoria (se supone que además del bombardeo del 37 sería sobre la Guerra Civil, franquismo, transición y violencias hasta su cese), me pregunto si no es la ocasión para replantearse la cuestión. Se trataría de abrir el ángulo a nuestra Historia social, económica y política como un todo, llegando hasta ese momento en que la Prehistoria pasa el testigo a la Historia en Euskal herria y a la construcción social y, ya en el siglo XX, a la construcción nacional. Obviamente, y con carácter nodal, también acogería, en caso de tratarse de Gernika, tanto el tema del Bombardeo como la cuestión de la Memoria, así como una sala preparada para albergar el Guernica de Picasso. ¡Nunca se pierde la esperanza con eso de las negociaciones presupuestarias!

Con ese foco más amplio, Gernika –cuna simbólica de libertades – no se relacionaría solo con el análisis y pedagogía sobre la paz y las violencias, sino también con la reflexión colectiva sobre lo que fuimos y somos como país y sociedad. Ese angular permitiría incluso ubicar con mejor perspectiva ese periodo más reciente (1936- 2011), cuyos últimos decenios están sujetos a una interpretación más controvertida, poco pacífica, y aún a flor de piel.

Además del Museo de la Paz podría absorber el pequeño Euskal Herria Museoa -sito a 60 metros de la Casa de Juntas- Gernikako Batzar-etxea- asumiendo sus funciones y colección. Se podría liberar así el Palacio Alegría para dedicarlo a la historia institucional de Bizkaia, y hacer más completa la visita, hoy demasiado breve y sucinta a Juntetxea (árbol, sala de la Vidriera, sala de plenos y jardín).

Museo de la Industria y de la Tecnología

Asimismo, parece increible que un país con una trayectoria industrial desde el siglo XIX tan potente carezca de un Museo de la Industria que sería central para entender y transmitir su historia, además de un reconocimiento al rol que han tenido las distintas industrializaciones en nuestras transformaciones.

En la década mencionada y de la mano de lo que hoy es la Asociación Vasca de Patrimonio Industrial y Obra Pública- Industri Ondare eta Herri Laneko Euskal Elkarte, se presentó un proyecto muy interesante de Museo de la Industria para ubicarlo en Grandes Molinos Vascos de Zorrotza (integrable en el complejo Zorrotzaurre que está enfrente). Solo que un país que ha apostado por la innovación tecnológica para su cuarta transformación, podría complementar su contenido con un espacio añadido para la tecnología, que requeriría un edificio anexo. Sería así un Museo de la Industria y la Tecnología.

Inexplicables ausencias

Sorprenden ambas ausencias en un país industrial de nacionalismo socialmente hegemónico, con sus distintas corrientes a derecha e izquierda. Y más cuando las construcciones nacionales son un signo de la Modernidad y la industrialización se produjo en una comunidad a la que transformó, pero llegó tarde a la construcción de un Estado. El socialismo también debería estar interesado en ambas vertientes.

Siendo deseables ambos proyectos, sin embargo, no están en la agenda. La ausencia de grandes proyectos parece indicar, además de una preocupante falta de imaginación, que ya esté acabada la construcción nacional (nation building), lo que dista de ser cierto.

doctor en Ciencias de la Información y catedrático de Comunicación Audiovisual en la UPV/EHU y, en la actualidad, profesor emérito. Fue redactor principal del Plan Vasco de la Cultura (2004-2015) y de las “Orientaciones para el II Plan Vasco de Cultura: 2009-2012” participó en el Libro Blanco del Audiovisual de Euskadi (2003) -del que surgió el Cluster EIKEN-, en la puesta en marcha del Observatorio Vasco de la Cultura (2006), así como en la preparación de la legislación vasca relativa a FM de radio, Televisión Digital Local, Proyecto de Ley de comunicación y del Consejo del Audiovisual, decreto de financiación del audiovisual en el País Vasco y asesorado en dos de los contratos programas con EITB.
Fuente:
www.sinpermiso.info, 5 de noviembre 2022
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