Argentina: a 50 años del golpe la memoria sigue en las calles, tambien la del PST

Pedro Fuentes

26/03/2026

A cincuenta años del golpe, la memoria no es un ejercicio del pasado: es una fuerza viva. Como cada año, miles de trabajadores y sectores populares vuelven a salir a las calles en Argentina. Pero esta vez, la conmemoración no solo mira hacia atrás: se carga de presente frente a un gobierno que busca relativizar los crímenes de la dictadura y reabrir el debate sobre los genocidas.

No es la primera vez que se intenta reescribir la historia o garantizar impunidad. Los gobiernos posteriores a la dictadura también lo hicieron. Raúl Alfonsín cedió ante el levantamiento militar de los carapintadas y Carlos Menem avanzó con los indultos. Sin embargo, esos intentos chocaron con una resistencia persistente.

Décadas después, el Argentinazo – esa gran movilización popular que terminó con el gobierno de la Rua, sacado de la Casa Rosada de nuevo en helicóptero-, terminó de imponer una consigna que se había vuelto bandera reivindicativa: “ni olvido ni perdón”. Los responsables del terrorismo de Estado fueron juzgados y encarcelados. El gobierno de Néstor Kirchner resuelve ir contra los militares para canalizar por esta vía la movilización popular que se había puesto en marcha con el argentinazo.

La dictadura encabezada por Jorge Rafael Videla dejó un saldo de 30 mil desaparecidos. Pero también dejó una historia de resistencia. Una lucha que comenzó a tomar forma en 1977 con las Madres de Plaza de Mayo y que tuvo uno de sus momentos decisivos en 1982, cuando la movilización popular terminó de acorralar al régimen.

El objetivo de la dictadura fue también borrar la memoria histórica de la clase trabajadora y de su vanguardia militante. Sin embargo, esa memoria sobrevivió en la resistencia clandestina. Como señalé en la presentación del libro Rastros del Silencio, que recoge testimonios de militantes del PST durante esos años: se trató de la dictadura más sangrienta del continente, pero también de una de las más breves, en gran medida por la combatividad de los trabajadores y el pueblo argentino.

Ya hacia 1981, las huelgas y protestas comenzaban a desgastar al régimen. En ese proceso, los militantes del PST estuvieron presentes, sosteniendo la organización en condiciones extremas, apoyados en una fuerte moral militante, en la política y en una tradición de lucha.

La represión fue brutal. Fue dirigida contra las direcciones y activistas del clasismo obrero, contra las organizaciones guerrilleras y los partidos de izquierda. Más de cien militantes del PST (Partido Socialista de los Trabajadores) fueron desaparecidos: aproximadamente uno de cada diez. Aun así, el partido logró sostener su actividad. Se replegó en los barrios obreros, se reinsertó en las fábricas con nuevas camadas no fichadas y mantuvo el vínculo con la clase trabajadora. La prensa circulaba de forma clandestina, escondida en envases de consumo cotidiano.

Mientras tanto, el régimen comenzaba a resquebrajarse. Sectores de la burguesía industrial, golpeados por el modelo económico, empezaron a distanciarse. Al mismo tiempo, el movimiento obrero recuperaba protagonismo: la CGT convocaba paros y movilizaciones, expresando un rechazo social cada vez más amplio.

La combinación de crisis económica, divisiones en la clase dominante y ascenso de la lucha obrera fue debilitando a la dictadura.

Malvinas: una guerra que aceleró la caída

En ese contexto, la dictadura intentó una maniobra desesperada para recuperar iniciativa: la guerra de Malvinas. Apostaba a apoyos internacionales que nunca llegaron. Durante años, las Fuerzas Armadas argentinas habían actuado como aliadas de Estados Unidos en América Central, pero eso no se tradujo en respaldo.

La recuperación de las islas —ocupadas por el Reino Unido desde 1833— desató un fuerte sentimiento antiimperialista. Amplios sectores populares apoyaron la causa, organizaron movilizaciones y contribuyeron con recursos. El PST intervino activamente, impulsando la movilización y proponiendo medidas para enfrentar la guerra en términos antiimperialistas.

Pero el cálculo de la dictadura fue equivocado. Estados Unidos respaldó a Gran Bretaña, su aliado estratégico. La superioridad militar británica, sumada a la conducción deficiente y corrupta del alto mando argentino, selló el desenlace.

Pese a acciones heroicas de los pilotos argentinos, las tropas británicas lograron imponerse. La rendición dejó al desnudo la debilidad del régimen.

La caída: cuando el pueblo irrumpió

La derrota provocó una explosión popular. Durante semanas, la dictadura había difundido informes que aseguraban que la guerra se estaba ganando. Pero cuando se conoció la rendición y comenzaron a llegar los testimonios de los soldados, la indignación estalló en las calles.

Esa misma noche, unas 30 mil personas se concentraron en la Plaza de Mayo para repudiar a los militares. En los días siguientes, las movilizaciones crecieron de forma sostenida. El poder de la dictadura ya estaba quebrado y, poco después, sus principales figuras comenzaron a caer.

Cercado por la movilización popular, el general Galtieri huyó en helicóptero desde la Casa Rosada. Se abrió así un vacío de poder que marcó el derrumbe del régimen. No fue una transición ordenada: fue el resultado directo de la irrupción de las masas.

Ante la crisis, la burguesía impulsó una salida institucional: restableció el Parlamento, disuelto desde 1976, conformó un gobierno provisional y convocó a elecciones.

En ese contexto, el PST reapareció públicamente. Lo hizo con una columna de más de 800 militantes en Plaza de Mayo, en medio de la movilización popular. Fue un momento profundamente emotivo: tras años de clandestinidad, los militantes se reencontraban, se abrazaban y volvían a gritar juntos por el fin de la dictadura.

Memoria, presente y futuro

A cincuenta años, estas memorias no son solo historia: son lecciones vivas. La caída de la dictadura muestra el papel decisivo de la movilización popular frente a regímenes autoritarios.

Esa experiencia conecta directamente con el presente. Frente al gobierno del neofascista de Milei, agente directo de Trump, y su intento de reabrir debates ya saldados por la lucha popular, la memoria vuelve a ocupar las calles.

También plantea un desafío político: la necesidad de construir una alternativa frente a un proyecto neofascista y frente a un peronismo que, en estas décadas, ha demostrado su incapacidad para resolver los problemas estructurales del país y terminar con la herencia neoliberal que sigue empujando a la Argentina de crisis en crisis.

veterano militante socialista e internacionalista argentino, fue dirigente del PST y actualmente es miembro de la dirección del PSOL-MES brasileiro.
Fuente:
www.sinpermiso.info, 26 de marzo 2025