Reino Unido: ¿Miedo a que la opinión pública no respalde a Corbyn? Puede ganar, he aquí la prueba

David Edgar

13/09/2015

 

Antes de que llegaran hipérboles más absurdas – Tony Blair comparando este fin de semana a Jeremy Corbyn con Donald Trump y Marine Le Pen – la retórica predominante era que el laborismo se encontraba en peligro de volver a su terreno más comodón. Desde el punto de vista de alguien leal que se encuentra en la izquierda suave del Partido, la impresión no ha sido esa. Yo ingresé después de la disputa por el segundo puesto entre Tony Benn y Denis Healey en 1981, de modo que nunca he tenido que enfrentarme a la perspectiva de un líder del partido que se desplazara seriamente a la izquierda. De repente, de forma completamente inesperada, el ascenso de Corbyn dio la impresión de que estaba sucediendo. Lo encontré emocionante e inspirador, pero en absoluto cómodo.

De repente, aquellos de nosotros que rebuznamos desde la banda – sobre deshacernos de los [submarinos y armas nucleares] Trident, desprivatizar los ferrocarriles, festejar en lugar de desentrañar la Gran Bretaña multicultural y hacer algo serio con la desigualdad de ingresos – hemos tenido que enfrentarnos a algunos argumentos serios. Tenemos  – por vez primera en decenas de años – la vertiginosa perspectiva de que nuestras más dilectas políticas se conviertan en núcleo del programa laborista. Pero también corremos el riesgo de que tengan razón las fuerzas de la oposición: que estas políticas sean anatema electoralmente, o impracticables, o ambas cosas

Con razón o sin ella, se ha considerado al laborismo como si se hubiera presentado a las elecciones generales con el programa más a la izquierda desde los años 80, lo que ha tenido como resultado un desastre sin paliativos, un desastre, una catástrofe, un derrumbe. Gordon Brown declaró que los partidarios del laborismo se afligieron como si se hubiera muerto el Partido.   

Bueno, desde luego que perdió el Partido Laborista. Pero la percepción de la magnitud de la derrota quedó exagerada por la falsedad de los sondeos y el derrumbe del laborismo en Escocia. El partido consiguió por encima de un millón de votos más en Inglaterra. En conjunto, logró sólo 200.000 votos menos que en 2005, cuando alcanzó mayoría absoluta. Tras haber perdido casi cuatro millones de votos laboristas con el supuestamente infalible Tony Blair, las de 2015 fueron las primeras elecciones desde 1997 en las que el laborismo incrementó su voto. No era el resultado que queríamos o que estábamos convencidos que pudiera acaecer. Pero tampoco fue un maremoto.

¿Fueron decepcionantes los resultados laboristas debido a que su programa electoral parecía demasiado a la izquierda, la lección de 1983? Está claro que no consiguió suficientes votos conservadores en Inglaterra. Pero a diferencia de 1983 – poco después de que el Partido sufriera una escisión por la derecha – también perdió carretadas de votos por la izquierda frente a partidos situados a su izquierda. El SNP [Partido Nacionalista Escocés], Plaid Cymru [los nacionalistas galeses] y los Verdes triplicaron en conjunto sus votos de 2010, hasta casi tres millones. De hecho, si se añaden los votos de los partidos contrarios a la austeridad a los laboristas, se bate a los conservadores por más de 800.000 votos.

Lo cual lleva a la cuestión de los casi cuatro millones de votos del UKIP, sobre todo los 44 escaños en los que quedó segundo tras los laboristas (y los 2,4 millones de votos de los liberal-demócratas). No hubo mayoría progresista en las elecciones generals de 2015. Pero se produjo un giro progresista en algunas partes del reino que se comieron votos laboristas. Por añadidura, en muchos feudos laboristas, un partido de oposición le quitó votos al laborismo, pero también a adversarios tradicionales (donde el UKIP quedó segundo, relegando a los conservadores o liberal-demócratas a un tercer puesto). A diferencia de 1983, 6,6 millones de personas votaron  a partidos opuestos al statu quo de Westminster. Un electorado fragmentado había abandonado la zona más cómoda del centro mucho antes de que Corbyn echara su cuarto a espadas.

Así que, ¿cómo sería un Partido Laborista dirigido por Corbyn? Para la gente como yo es un alivio que opiniones que hasta ahora les estaban vedadas a los políticos laboristas convencionales (como no renovar los Trident) ya no sean totalmente inaceptables. Pero como ha apuntado Blair, buena parta del programa económico de Corbyn consiste en defender programas del Nuevo Laborismo de los ataques de los conservadores. Convertir en propiedad pública ferrocarriles ingentemente subvencionados no es más que un reflejo de la realidad económica, y el control público de los precios de la energía fue uno de los elementos más populares del ultimo programa electoral laborista. En 2015, los conservadores crearon una malévola imagen de los beneficiarios del estado del Bienestar (con excepción de los pensionistas) que unió efectivamente a la clase media con los ricos en contra de los pobres. Lo que Blair se negó a hacer y Ed Miliband no logró llevar a cabo fue unir a la clase media con los pobres en contra de los ricos.

Pero hay otras vetas de pensamiento de pensamiento que se siguieron en los últimos cinco años sólo para desaparecer del radar en cuanto se acercaron las elecciones. Hubo mucho pensamiento democratizador autonomista, de abajo arriba, ligado especialmente a la revisión de medidas políticas de Jon Cruddas y el grupo Compass, al que se dejó de lado por miedo en cuanto se achicó la oferta preelectoral, y que podría formar la base de una transformación democrática.

Y luego está la política del activismo de izquierda, como la coalición Stop the War [Parad la guerra], que organizó la inmensa manifestación contra la guerra de 2003 y de la que Corbyn es presidente. Hay grupos de la llamada extrema izquierda comprometidos con Stop the War. Pero sus ambiciones centrales son liberales y plurales: paz, desarme, internacionalismo, oposición coherente a la demonización de los musulmanes británicos y defensa de los derechos humanos, aquí y en el extranjero. Una de las muchas bajas de la Guerra contra el Terror fue el compromiso tradicional del del Nuevo Laborismo con las libertades civiles, conforme el gobierno que nos otorgó la Ley de Derechos Humanos pasó a las órdenes de control y a los periodos de detención de 28 días.

Corbyn ha apoyado desde siempre los derechos de LGBT y fue uno de los primeros defensores en el Parlamento del matrimonio homosexual. Para mucha gente joven algunas de sus demás ideas son novedosas. Pero para mí es una promesa de rejuvenecimiento del intervencionismo económico y el libertarismo social que produjeron los mayores logros laboristas: el Estado del Bienestar en los años 40, las reformas sociales de los 60, y – sí – el salario mínimo, las uniones civiles y la Ley de Igualdad de los años de Blair/Brown. Una victoria de Corbyn podría abrir la posibilidad de una alianza, dentro y más allá del Partido Laborista, entre el pensamiento económico post-austeridad, la renovación democrática y comunitaria y el libertarismo social y cívico, y por tanto regenerar el proyecto socialdemócrata.

Por último, por vez primera, puede suceder que se elija a un nuevo líder laborista, no gracias a un acuerdo o una campaña sino a un movimiento. ¿Y qué somos, si no eso?  

David Edgar (1948) es uno de los más destacados y prolíficos dramaturgos británicos, autor y adaptador de más de sesenta obras para teatro, radio y televisión.

Traducción para www.sinpermiso.info: Lucas Antón

 

Nacido en 1948, es uno de los más destacados y prolíficos dramaturgos británicos, autor y adaptador de más de sesenta obras para teatro, radio y televisión.
Fuente:
The Guardian, 30 de agosto de 2015
Temática: 
Traducción:
Lucas Antón